"Bien, y ya tienes enfrente la mole gigante del Moncayo.
Sigue, sigue; sigue mirándola.
Parece que aún estuviera surgiendo del fondo tectónico en esa falla
rota por donde se precipita el Queiles hasta el Ebro.
Me gustaría que cuando pasaras estuviera nevado.
Es, entonces, como la testa orlada con turbante de algún viejo sultán.
Sería hermoso, mientras miras, que, con el sol luciendo, se enredara el
vellón de algunas nubes en la cima o rodaran deshilachándose en guedejas
por los pinos de cualquier barranco en la ladera.
Y te desearía que, mientras sigues mirando -tú a pleno sol,
y a pleno sol también la cumbre- pudieras asistir al súbito estallar
metálico del relámpago y oír como retumba en la vaguada el
fragor de una tormenta que no te explicarás cómo llegó a formarse.
(A poco, por la falda mojada, irán descendiendo lentamente los girones
de la niebla y pasarán los ramales blandos del orvallo.
El arco iris vendrá luego a anillar, cabe el Moncayo,
las tierras de Castilla y de Aragón).
Dicen que en horas así se forman sobre los precipicios
y en las crestas bolsas enormes de vacío."
Avelino Hernández.
" Soria,Donde la Vieja Castilla se acaba"
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