*...Había un pastor que cuidaba el rebaño
por estas tierras. Tenía fama en la redonda de ser excelente
labrador a navaja de colodras que hacía con los arranques del asta
de los carneros.
Como ha sido habitual por
estos pueblos, donde las familias han sido numerosas, aquel pastor puso
a servir a la mayor de sus hijas con una familia rica en el cercano lugar
de Tarazona; que, como se sabe, es villa importante de la tierra de Aragón.
Hay en Tarazona una fuente
de gran caudal que dicen del Chorro, de donde toman agua los
arcaduces y acequias que la llevan a regar las
ricas huertas de los aragoneses.
Contiguo a la fuente hay
hecho de losas un antiguo lavadero donde cada lunes se junta a hacer la
colada notable concejo de mujeres. Aquel día
estaba entre ellas la muchacha que era hija de nuestro pastor.
Y en medio de la algarabía
que suele acompañar estos quehaceres, se advirtió con sorpresa
que caía un objeto extraño arrojado por el turbión
del agua en el manadero. Era una hermosa colodra de asta de cordero primorosamente
labrada a punta de navaja.
La muchacha que decimos, cuando la vió,
no pudo reprimir un grito:
-Es la colondra de mi padre!
Aquella tarde toda Tarazona
sabía que en la fuente del Chorro había surgido, traída
por el agua, la colodra de un pastor de las sierras de Soria.
Y aquella misma noche unas
manos desalmadas, amparadas por el silencio cómplice de todos los
vecinos, sofocaron la vida de la pobre muchacha. Porque eran tiempos de
enemiga de Castilla y Aragón
y temió Tarazona que, sabiendo el origen de la aguas que regaban
sus huertas y le daba de beber, las gentes de Castilla secaban los manatiales
o las envenenaran.