Michael Walzer, Tratado sobre la tolerancia, Barcelona: Paidós, 1998 (128 páginas). [Edición original: On Toleration, New Haven: Yale University Press, 1997].
Diego Parente
 
Las problemáticas que giran en torno al estatuto de la identidad y la ciudadanía en las sociedades multiculturales contemporáneas constituyen objetos de investigación cuya relevancia actual es innegable. En un mundo donde el multiculturalismo desempeña un papel tan central, la tolerancia se presenta no sólo como una práctica imprescindible sino también como un problema ético-político al que toda reflexión filosófica interesada por la realidad social no puede renunciar. Este es, precisamente, el contexto en el que es posible inscribir a la reciente obra del teórico norteamericano Michael Walzer.
"Actitudes personales y sistemas políticos", el capítulo que inicia el libro, presenta una cuidadosa distinción entre cinco sentidos de tolerancia en la que se identifica a cada uno de ellos con una cierta actitud mental ante la presencia del Otro cultural: resignación, indiferencia, estoicismo, curiosidad y entusiasmo. En tal sentido, destaca que el problema de la tolerancia está relacionado con la actitud que se asume frente a ciertos grupos culturales, no tanto frente a "individuos excéntricos". Walzer se ocupa, por consiguiente, de caracterizar cómo se ha practicado y se practica hoy en día la tolerancia en diversos regímenes políticos (imperios multinacionales, comunidad internacional, confederaciones, estados nacionales y sociedades de inmigrantes). Esta reflexión es articulada a través de una notable erudición histórica: una gran cantidad de ejemplos históricos concretos que van desde la actual Francia hasta el bloque soviético, pasando por el Imperio Otomano y la situación en Israel.
En la sección "Cuestiones prácticas", Walzer intenta delimitar una noción de tolerancia que sea capaz de ubicarse más allá de la concepción sencilla según la cual el tolerar es un signo de poder y el ser tolerado una señal de aceptación de la debilidad. Propone, en lugar de la anterior, una explicación más compleja, sustentada en la idea de que la tolerancia debería implicar respeto mutuo. A la luz de esta conceptualización, analiza algunos de los principales conflictos de las sociedades multiculturales relativos a diferencias de clase, género, religión, educación y -especialmente- religión civil. Desde su punto de vista, estos conflictos generados -en parte- por la diferencia no pueden encontrar solución en una homogeneización cultural de la sociedad, es decir, en un plan de lucha contra la diferencia. Por el contrario, cree que la mejor manera de resolverlos es otorgando lugar a las diferentes identidades, favoreciendo la creación de asociaciones y su protagonismo dentro de la vida política del estado. En este sentido, defiende una concepción de democracia que mantiene separados a la instancia política del nivel del Estado: el partido político ganador en elecciones democráticas no debería poder trasladar sus componentes ideológicos a una serie de leyes o a la religión civil.
Al igual que en Thick and Thin (1994), Walzer realiza un balance del yo "dividido" característico de la posmodernidad, relacionándolo en esta ocasión con dos manifestaciones históricas de la tolerancia: la moderna y la posmoderna. La primera es aquella en la que se presenta la coexistencia de "grupos fuertes e individuos libres". La tolerancia posmoderna, por su parte, está signada por la debilidad de grupos de identidad. Se trata de una tolerancia que "comienza en casa" y que debe edificarse en el marco de un mundo en el cual el Nosotros y el Ellos han perdido su fuerza originaria, aunque esta disolución de fronteras nunca es completa. Allí es donde pone en juego uno de sus planteos más interesantes: la idea de que la tolerancia no tiene como objetivo dicha supresión de identidades, sino la garantía de una diálogo continuo y una convivencia pacífica. La identidad se edifica, precisamente, a partir de la existencia del Otro, sin la cual no sería posible la propia creación o autoconocimiento.
El Epílogo se encuentra dedicado a una caracterización del multiculturalismo estadounidense. Según Walzer, se produce una profunda y progresiva articulación de las diferencias de grupo, proceso que es contemporáneo de una acrecentamiento de las diferencias económicas. Desde su punto de vista, el problema central de la actual vida política estadounidense no es entre multiculturalismo y algún tipo de hegemonía cultural, sino los procesos que provocan disociación (alta tasa de divorcios, reducción de participación electorial, creciente ola de violencia indiscriminada, entre otros). Todos estos factores, según Walzer, juegan a favor del surgimiento y movilización de grupos de ultraderecha o xenófobos.
En definitiva, si bien la estructura argumentativa de la obra no es completamente sistemática, los argumentos walzerianos van finalmente encadenándose hasta configurar una armazón coherente basada en la idea de que los objetivos de la tolerancia no deberían ser restringidos simplemente al logro de la armonía social. Se trata, en realidad, de promover un sistema estatal cuya religión civil produzca no sólo ciudadanos heterogéneos y defensores de la tolerancia, sino también individuos que valoren y perpetúen el valor positivo de la diferencia. Esta concepción se plegaría, en cierto modo, a la idea de Gianni Vattimo según la cual la explosión de Weltanschauungen es esperanzadora antes que peligrosa; el caos de voces, la polifonía, el surgimiento de discursos reprimidos o marginados, constituyen una chance para el surgimiento de una sociedad más libre.
A pesar de la claridad conceptual de la obra, resulta visible que muchos de sus elogios a la vida democrática estadounidense caen, en ciertos pasajes, en el exceso y la contradicción (como, por ejemplo, cuando considera que los miembros de la sociedad norteamericana son "radicalmente libres", desestimando los factores estructurales que determinan la "libertad" de un individuo más allá de lo estipulado en las leyes de un estado). En último término, tal como el mismo Walzer se encarga de advertir, queda abierta la cuestión acerca de hasta qué punto se puede ajustar, sin modificaciones, su interpretación de la práctica de la tolerancia en la sociedad europea y estadounidense al marco de la realidad latinoamericana -donde el interés por los problemas de intolerancia es frecuentemente superado por aquellos generados a raíz de una importante inequidad económica-.
 
 
Enero de 2000
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