El sujeto narrativo y La razón fronteriza de Eugenio Trías

 

Domingo Cía Lamana

 

 

En el viaje intelectual de Eugenio Trias no hay flirteos hacia reflexiones más fragmentarias. A la caida del "felipismo" se manifiesta dentro del grupo de intelectuales que piden la aternancia del poder. Algo más tarde se apuntará con los constructores de otra resistencia: querían un ágora cosmopolita en forma de foro y levantar como un símbolo la Torre de Babel.

Pero Trías no toma partido y no desatiende nunca la temática de la narración de su vida. Esta se va construyendo dentro de la complejidad de diferentes secuencias. El sentido o dirección es claro: Trías no renuncia nunca al enigmático y paradógico oficio de la aventura filosófica. Desde diferentes posicionamientos se le pedía un estilo más directamente comprometido y una expresión más divulgativa a la manera como otros filósofos españoles lo venían haciendo desde plataformas más multitudinarias. Era como si Trias hubiera olvidado que "sólo existe lo que pasa por la tele" y viviera él en el límite vigilado y "custodiado por las madres": el mundo de sus ideas, que por aquella epoca ya dibujaba en forma de tres cercos.

Hablar del cerco enigmático, del cerco fronterizo y del cerco del aparecer, dificilmente podía divulgarse, había que sistematizarlo y confrontarlo en una aventura filosófica que se refiriera al límite de alguna lógica que pudiera informar lo que luego acabó llamando la razón fronteriza.

Trías había optado: "el verdadero ser y su realidad, como ya había sido canónico desde Parménides, sólo puede ser acogido por la Inteligencia". Es decir había en el mercado más divulgación que pensamiento. Y lo que tampoco podía permitirse era que el pensamiento quedara monopolizado sólo por las tertulias y los tertulianos. Trías optó: no podía renunciar al "oficio de pensar".

Su propuesta quería ser totalmente filosófica: someter la razón a un diálogo con sus propias sombras, lo irracional. Y en ese forcejeo, que la razón pudiera conseguir su madurez y solvencia. Hay aspectos de la contingencia humana indemnes a cualquier tipo de ilustración: una serie de sombras por las que el pensamiento de Trías ha estado siempre trasitando y para las que en el cerco del aparecer no se encuentra "programa emancipador". Curiosamente esta propuesta filosófica suya ya aparece en su primer libro "La filosofía y las sombras". De aquí su empeño en llevarnos mucho más tarde hacia algún límite o fin de trayecto desde donde pueda avizorarse algún sorprendente enigma.

En el año 1994 Eugenio Trias era el primer filósofo español que recibía el premio internacional Nietzsche. Parecía que Europa había tenido suficiente discernimiento como para señalar a un filósofo que había querido novelar su vida sólo con la temática filosófica, sin claudicaciones. Este mismo año publicaba la "Edad del espíritu". Era el mismo año que había recibido el premio Nietzsche. Se había hecho justicia: recibía premio el gnóstico que buscaba no una salvación individual sino una ayuda fundamentada para la comunidad, para este mundo nuestro mezcla de "casino global" y "de santuario local", como él mismo gusta apellidarlo.

Acabo de leer La razón fronteriza, su última obra publicada. Trías ya ha anunciado un próximo libro: Etica y condición humana. Entonces aparecerá el sujeto fronterizo posiblemente convertido en sujeto narrativo.

Precisamente, partiendo de este sujeto narrativo, quisiera hacer el presente comentario.

Quizás Trías de forma subliminal sintió la misma resistencia que Hegel, para hacer algún ejercicio de ensimismamiento narcisista. Quiero decir que su filosofía atiende siempre en un segundo lugar la presencia a del sujeto. Le importa mucho más enfrentarse con la realidad del ser "desde su íntima matriz o primera categoría". En su discurso filosófico el sujeto viene después. En un primer momento se sigue reflexionando sobre el cerco en donde ha aparecido "la cosa".

Y esto es lo que descubro como la oportunidad y el riesgo en el libro La razón fronteriza de Trías. El nacimiento de la realidad ("la cosa") pueda darse sin el sujeto. Después sí, nacido en esa misma magmática realidad, el sujeto es capaz de enfrentarse al límite y sospechar el enigma. Por eso mismo y para corregir equívocos Trías indica rápidamente que "la filosofía es metafísica o no es nada".

Pero la metafísica queda referida a la realidad más absoluta del ser en general, que va a luchar con la nada: un espectáculo dantesco y colosal pero todavía sin espectador, sin sujeto.

Esta es la razón por la que, cuando el sujeto aparece en la filosofía del límite de Trías, la escisión catesiana sujeto/objeto es una herida que el sujeto fronterizo vive trágicamente.

El sujeto fronterizo vive más la pasión del enigma, que la posibilidad de poder narrar la experiencia atravesada. El sujeto fronterizo se instala más en el pathos que en el ethos. Ha de preocuparle más el misterio del ser que su aletheia. Da la impresión que Trías se queda más prendado de la Ciencia de la Lógica de Hegel que del camino narrativo (o de formación) de la Fenomenología de Espíritu, que había estudiado en su tesis doctoral: El lenguaje del perdón.

Tuve la oportunidad de asistir en la primavera de 1997 en la Universidad Pompeu Fabra al curso de doctorado que Trías impartía sobre la Ciencia de la Lógica de Hegel. La primera sorpresa era la traducción de esta difícil obra hegeliana, que él mismo había realizado del alemán. En concreto, el texto que comentábamos, hacía referencia a la lógica objetiva, del número 1811 al 1816 de su segundo libro. Allí encontrábamos la doctrina sobre la esencia. Podíamos leer allí que "el ser es lo inmediato... pero llegar a conocer lo verdadero no permanece cerca de lo inmediato sino que lo atraviesa, bajo la presunción de que detrás de ese ser hay algo otro que el ser mismo y que ese trasfondo constituye la verdad del ser". Ya desde entonces tuve el convencimiento de que el texto que comentábamos, además de una traducción, era un convencimiento base de toda la filosofía de Trías. El misterio del enigma de las cosas está en las mismas cosas. Siempre nos encontramos en el límite de esa aprehensión primordial de las cosas. Sólo que esta aprehensión es inefable para el místico que lo haya experimentado: cualquier cosa es lo que es y mucho "más" de lo que es.

Aquí radica otro de los puntales de la filosofía del presente libro de Trías: el enigma, con su posible misterio pertenece a las cosas mismas.

Ahora Trías se separa de Nietzsche, a quien conoce de sobra, y se apunta a la filosofía de Hölderlin. Por cierto que durante todo el texto escrito en la Edad del espíritu no se separa de él. Y es al mismo Hölderlin al que pedirá derechos de autor, para titular su Libro.

Nietzsche desde El origen de la Tragedia intenta ser "fiel a la tierra": las Bacantes podían celebrar "el Misterio de la Tierra" en un enloquecimiento dionisíaco. Tenían que morir los dioses que habían trasladado el Misterio a la Trascendecia. Había que arrebatar para el hombre lo que la religion cristiana había robado. Después había que construir ficciones, colocarse alguna máscara y resucitar como Proteo con mil caras diferentes cada día, es decir en un eterno retorno. Aunque no lo quiera reconocer, Nietzsche se posiciona dentro de la filosofía idealista.

También Kant había dicho que sólo podíamos conocer fenómenos y apariencias y Hegel hablaba de la necesidad de hacer un camino formativo para poder hacerse con alguna forma de autoconciencia, bien convencido que "detrás del telón no había nada".

Hölderlin rompe con esta dinámica y señalará poéticamente que el misterio siempre había estado cerca de nosotros: en las escrituras sagradas, según señalará en Patmos:

 

"Y esto estaba grabado en ellos (los discípulos)

como habita el fuego en el hierro y a su lado

caminaba como una peste, la sombra del Amado

Por esto les mandó éste

el Espíritu..."

 

Trías así ha dado un paso desde la subjetividad de la voluntad de poder de Nietzsche hasta poder llegar al señalamiento que Hölderlin hace de la presencia del misterio en las cosas.

Esta opción, perfectamente discutible, pero rotundamente fundamentada por la filosofía de La razón fronteriza ofrece más de una oportunidad.

La primera sería que La razón fronteriza resulta ser un ejercicio de radicalidad filosófica de gran belleza y profundidad. Creo haber leido bastante de la producción filosófica de Eugenio Trías. Las páginas que en La razón fronteriza dedica a la Nada ("El continente de la nada") y a la Muerte ("Sobre la muerte"), logran una altura inusual en lo que se podría llamar estilo filosófico. El forcejeo que mantiene construyendo poéticamente su filosofía, pueden recordar las mejores páginas de María Zambrano en castellano y toda la dedicación de Heiddeger en su expresión y profundidad filosófica. Algún día, cuando su obra sea más conocida y leida, esto será un descubrimiento. A una determinada manera de hacer poesía se la apellida como metafísica. La expresión filosófica de Trias - al menos en esos dos capítulos a los que me refiero- se capta mucho mejor si el lector los lee poéticamente.

Pero, volviendo otra vez al sujeto fronterizo, protagonista de La razón fronteriza, parece como si éste continuara haciéndose preguntas que, tal vez, nadie como Zubiri las habría formulado, indicando que en estos interrogantes se encierra la cuestión radical de la filosofía, y se asoma por aquí todo el drama ulterior de la filosofía europea: żes lo último de las cosas su ser? La raíz de lo que llamamos cosa, żes "anhelo", o bien, "plenitud"; es eros, o bien, enérgeia? Si hablando de amor o de deseo, żes el amor un "arrebato" (manía), o, más bien, "efusión" (agápe)?

El sujeto fronterizo en el capítulo dedicado a la muerte en La razón fonteriza sigue, sin contestar a los interrogantes que Zubiri le lanza, generando más preguntas. A mí me interesa señalar que por fin este sujeto fronterizo se convierte en sujeto narrativo. Y de verdad, tengo verdadero interés en ver cómo en el próximo libro de Trías, Etica y condición humana, narra la otra dimensión humana, relativa a "lo que somos". En resumen, la razón fronteriza supone una magistral conclusión de lo que el autor denomina la trilogía del límite, formada por Lógica del límite y La Edad del espíritu.

 

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