TRANSCURSOS

Cristina Pérez Andrés

 

 

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Después de un día muy largo, espero el autobús que me llevará a casa, donde deseo estar ya. En la calle los termómetros-relojes miden el tiempo, alternativamente, en minutos y en grados ¿qué más da? La temperatura también indica transcursos, del calor al frío, del día a la noche, del verano al invierno, y el paso de los años. Tiempo que es, tiempo que hace, los dos variando el color de la luz que, también, un día acabará.

 

Estoy cansada, pero pienso que es mejor tener paciencia, de todas maneras el autobús vendrá, de todas maneras mi vida acabará en un momento que no conozco, independiente del que estoy viviendo.

 

He llegado a mi parada, desciendo y camino el corto recorrido que me queda hasta casa. Cuando llegue dormiré y transcurrirán horas sin enterarme de que existo, de que respiro, de que mi corazón sigue latiendo, mientras mi sangre, que dentro de mi cuerpo no es roja, recorre los mismos lugares oscuros por los que circulaba mientras esperaba el autobús. Cuando despierte comenzaré otro día similar al de hoy, o no. O tal vez no despierte y muera sin haber sabido que cuando deseaba llegar a mi casa estaba próximo el momento desconocido en el que mi vida tenía que terminar.

 

Pero no he muerto y ya he vivido otro día similar al anterior, pero distinto. Lo sé porque ya está acabando. La piel del cielo me lo indica, su color.

 

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