El Teléfono Erótico como Metáfora

Domingo Cía Lamana

 

Volver

 

" ¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?

Cuando cuento, sólo estamos tú y yo juntos

pero cuando miro adelante por el camino blanco

siempre hay otro caminando a tu lado

deslizándose envuelto en un pardo manto, encapuchado

no sé si hombre o mujer

- pero ¿quién es quien va al otro lado tuyo? "

T.S. Eliot (1888 - 1965). Tierra baldía, traducción de J.M.Valverde

en T.S Eliot. Poesías reunidas 1909/1962. Alianza Tres. pág. 91

 

 

La telefonista se puede llamar Raquel. Pero puede ser el nombre de trabajo : el mote en tiempo de guerra.

Cuando vamos a trabajar acostumbramos a ponernos la mejor de las caretas. La cara de la telefonista del teléfono erótico y toda su persona queda oculta, mediada, más que por la distancia telefónica, por el oficio. El dibujo de su silueta hay que imaginarla: hay que tocarla con el oido. Su existencia es ser voz. Todos los perfiles de sus formas son lenguaje. Ella trata de simular y ficcionar toda la erotización que pide el cliente. La telefonista se puede llamar Raquel. Pero puede ser el nombre de trabajo: el mote en tiempo de guerra, Raquel oficia el arte de la erotización y del sexo.

Raquel se oculta bajo su careta, como el obrero se oculta bajo el buzo de trabajo, o como el funcionario se abotona su uniforme para estar correctamente uniformado. Lo que el trabajo tenga de realidad agresiva, el obrero la reduce con algún tipo de coraza que proporcione seguridad, fuerza.

La careta que ha de colocarse Raquel, es metáfora posible de muchas de nuestras actuaciones laborales fraguadas en el anonimato, completamente ocultas, vacías de publicidad. Casi siempre, en todo trabajo, somos mediación, un punto sólo de la correa de transmisión cuyo final no hay forma de percibir. Como el hilo del teléfono o como las ondas que envuelven sólo la voz, pero que no comportan ningún encantamiento o personalización. El quehacer de Raquel es metáfora de todo lo que el trabajo pueda tener de alienación, despersonalización. De todas formas, en su caso, la voz personaliza más que la presencia muda de tantos trabajos que se reducen al sólo hacer hablar las máquinas más mecánicas o más cibernéticas, da igual. Raquel, de una forma mucho más personal, se ve obligada a construir imágenes, a pintar, es decir a ficcionar cuadros, llenos de erotización. Por el contrario, muchos trabajos no necesitan ningún tipo de imaginación, se trata sólo de repetir miméticamente los modelos, repetir maquinalmente las órdenes sin margen para la improvisación.

Raquel ejecuta su papel como la mejor actriz, improvisando el tipo de fantasía solicitada. El mérito de su arte es notable: sólo puede actuar y jugar con la voz, son mil las luminarias de sus cuerdas vocales y puede emplear mil registros en una sóla conversación, hasta provocar en el destinatario de su actuación la perplejidad, la duda, la admiración, el encantamiento, o sea el embrujamiento más pasional.

Perplejidad y duda porque las cadencias y simulaciones de las imágenes que ficciona pueden llevar a su interlocutor a espacios inéditos, soprendentes, no esperados. Así el sexo se puede convertir en vehículo de otras fuerzas que , gracias a él afloran como una buena noticia, que nunca se había advertido previamente.

El regalo de la ayuda acaba, por parte de Raquel, de la forma más gratuita: "adiós, hasta cuando quieras". Raquel no se queda, su voz no aprisiona, siempre la gran actriz se está despidiendo y haciendo un vacío para que otra mujer que ya no representa, ni simula,y posiblemente ni erotice, ocupe su lugar y su tiempo. En el mismo instante que el cliente ha cortado la comunicación teléfónica, el cliente ha bajado del principio de placer al principio de la realidad. Raquel se convierte así en el deseo imposible.

He oido decir que las mujeres quedan seducidas sobre todo por el oido. Aquí es una mujer la que seduce sólo con la voz, es su única arma y herramienta.

Ser sólo voz es poder abrir la fantasía a la descripción de la telefonista más sexi, pero también más bella: con el alma más bella. Nunca la has visto, pero a partir de los matices de su voz, la puedes perfectamente dibujar. A ella le está pasando lo mismo con el cliente.

La telefonista puede estar preguntándose continuamente por qué el cliente la llama, sobre todo cuando puede comprobar que la conversación no tiene que ver nada con lo erótico. ¿Por qué y dónde el éxito del teléfono erótico? ¿Qué hay más allá? ¿Por qué 24 horas de comunicación incesante?

Sharazade en "Las Mil y una noches", salvará la vida, si la historia que cuenta dura hasta que el sol se levante.

Galdós ha señalado que "por donde quiera que el hombre vaya lleva consigo su novela". Desde aquí quiero responder las preguntas formuladas porque el cliente del teléfono erótico quiere convertirse en un personaje más de una novela en la que necesita más actores, más artistas, por eso - entre otras razones - acude al teléfono erótico: es la forma paradógica de novelar la propia vida.

En su magnífico estudio sobre la novela, R.Bournef indica algunas reflexiones que se pueden analogar con lo que pueda pasar en la comunicación de teléfono erótico.

«Se leen novelas para compensar ciertas lagunas de experiencia, para amueblar el silencio, para moderar el miedo o conjurar la muerte. Sharazade en "Las Mil y una noches", salvará la vida, si la historia que cuenta dura hasta que el sol se levante. El imaginario de la novela crea individuos hechos de la misma sustancia que nosotros, presos en el mismo tejido del espacio y del tiempo, que viven mundos complejos y desconcertantes con todo el poder de la fascinación. Lo que intentamos al coger una novela es hallar un hombre de acuerdo con nuestro corazón, vivir tragedias y alegrías que no tenemos el coraje de provocar nosotros mismos, soñar sueños que hagan la vida más apasionante y, quizás, también descubrir una filosofía de la existencia que nos vuelva más capaces de afrontar los problemas y las pruebas que nos embisten.».

Probablemente el relato de la comunicación erótica surge de la necesidad radical de fabulación ínsito en el inconsciente del hombre; cada uno de nosotros debe inventar historias en las que pueda proyectarse como protagonista, y escuchar - por teléfono - otras donde re-cree su alter ego, sublimado, heroicizado y erotizado. En nuestro tiempo el sueño se prolonga en las películas, la notoriedad en el tebeo, la mitopoiesis individual y de masa en la novela ¿Qué sucede en la comunicación del teléfono erótico?

Sobre todo cuando analizamos esta última pregunta caemos en la cuenta que tal vez no se ha estudiado todavía con profundidad la relación que une al narrador con el lector, como tampoco está estudiado esta compleja relación: telefonista/cliente en el teléfono erótico: ese canal complejo a través del cual discurre el flujo y el reflujo de la imaginación, los fantasmas de una creación bipolar e inacabada. ¿Por qué perseguimos a estas figuras ficticias como si fuesen verdaderas, vivimos su destino como una catarsis, las investimos de tanta responsabilidad y ejemplaridad para el bien y para el mal?

Quizá el relato en toda comunicación erótica es la arena de una sublimación más amplia del Eros y Thanatos freudianos, la tela de encuentro y desencuentro de proyectos existenciales en equilibrio entre la realidad y la utopía, el ideal y lo desechado, el deber y lo prohibido, la bondad y el sadomasoquismo, lo seguro y la evasión. Pienso que este tipo de comunicación erótica, como cualquier tipo de narración, como cualquier confesión personal, parten de la necesidad humana imperiosa de contar la propia experiencia temporal, por más ambigua y equívoca que pueda aparecer. M. Zambrano lo formula así:

 

«La confesión es una huida que al mismo tiempo quiere perpetuar lo que fue aquello de que se huye. Quiere expresarlo para alejarlo y para ser ya otra cosa, pero quiere al mismo tiempo dejarlo ahí, realizarlo.»

 

Próspero dice que estamos hechos de la misma sustancia de los sueños. Los sueños y las historias son connaturales al ser humano. Entendemos en forma de historia y nos expresamos narrando historias, telefoneando novelas que estamos construyendo secuenciando el tiempo. P. Ricoeur en su Tiempo y Narración preguntándose por la identidad del sujeto, concluye que lo que realmente somos se reduce a una identidad narrativa o narrada, puesto que «la pregunta por el ser del yo se contesta narrando una historia, contando una vida. Podemos saber lo qué es el hombre atendiendo la secuencia narrativa de su vida.»

 

Volver | Inicio