Plutarco Cortez

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DISPERSIÓN Y POLIDIMENCIONALIDAD

Desde que existe la naturaleza no existe Dios, porque se dispersó en todo el universo.

La biblia se inicia con algo curioso y significativo; "y la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" (Génesis; capítulo uno versículo dos.)

La grandeza de un hombre depende del esfuerzo que éste haga por reunir la mayor parte de sí.

Toda grande personalidad llega a ser consciente de que lo es y debido a esto es que siente la necesidad de crear su propio mundo y cuando lo hace, procura siempre que éste sea la negación de todos los otros mundos posibles.

Hay que ser absolutamente moderno decía Rimbaud a mediados del siglo diecinueve. Con esto quería significar que era necesario negar todo el pasado. Ahora el grito ha de ser: ¡Hay que ser absolutamente negador!

Yo soy la negación de todos los otros hombres. Mi mundo personal es la negación de todos los otros mundos posibles.

A los hombres que llamamos hombres originales deberíamos llamarlos hombres negadores, ellos son siempre rechazados por sus contemporáneos por que sin proponérselo ponen en duda las verdades de los otros.

Lo viejo conocido es fácil de soportar. Lo nuevo implica riesgo, es un nuevo reto.

Todos los aventureros del pensamiento se han dado cuenta de esto, pero es que ellos nacieron para eso, para el riesgo.

Sócrates aceptó su culpabilidad, no era un inconsciente. Tomó la copa voluntariamente.

Jesús sabía que moriría en la cruz después de ser azotado y arrastrado como una fiera vencida. ¡No era posible renunciar a ser el portador de las buenas nuevas, renunciar a ser el gran negador!

No existe mundo alguno donde no imperen los accidentes. No hay nada seguro bajo ningún firmamento.

El tiempo anda saltando de un lado para otro y el movimiento no tiene orden alguno. No existe un orden por tiempo indefinido, sólo hay períodos irregulares de estabilidad. La vida es una breve y tensa expectativa. .

La sensibilidad es el mayor atributo del hombre. El dinamismo es factor de salvación.

Cuando trato con un hombre, me hago a la idea de que trato con un ser sensible, más que conocedor.

En virtud de nuestra sensibilidad podemos traspasar varias dimensiones.

Sabemos que vivimos en un mundo polidimensional y policrónico. El tiempo que yo percibo es únicamente mi tiempo. El mundo en que vivo es aquel que hace un instante me inventé.

¿Qué puedo decir de las experiencias de los otros? Cada individuo vigila sus propias fronteras.

Un hombre original es una gran suma espiritual, es capaz de captar detalles muy sutiles de las cosas y proyectar en la pantalla de su medio, imágenes que al principio, los otros no ven sino monstruosidades.

Todo aquello con lo que no estamos familiarizados, nos asusta o nos enfurece. ¡Los grandes espíritus terminan imponiéndose, ellos han recorrido grandes distancias. Pueden hablarnos acerca de las ruinas de otras dimensiones.

Una gran suma espiritual es el producto de grandes esfuerzos.

En este momento yo querría abordar las naves interestelares.

¡Aún me queda mucho por andar bajo este cielo que se me impuso!

El hombre debe luchar ferozmente hasta el último instante con las armas que posea. Debe realizar todas las acciones que pueda imaginar. El mañana pertenece al azar.

Cuando la mayoría de nosotros estemos persuadidos de que el espíritu es una dispersión, aumentará el número de los que querrían traspasar todas las fronteras.

Desde que el espíritu se dispersó en todo el universo, no es posible que hayan mundos adecuados.

No trato de sembrar en el corazón del hombre la semilla de la desolación.

La primer tarea del hombre, debe consistir en tratar de reunir la mayor parte de sí.

He decidido hablar insistentemente de la dispersión espiritual, porque me he dado cuenta que en el mismo instante en que un hombre se vuelve consciente de que su yo está disperso, se vuelve más dinámico.

Hay signos en el ambiente que nos indican, que en el futuro, un hombre dependerá de su capacidad dinámica.

Todo movimiento debe ser la negación de todos los otros movimientos posibles.

Toda verdad se cristaliza y llega un día en que se rompe. No vamos a decirle al resto de los hombres que sólo existe nuestra verdad y que nuestra verdad es vuestra salvación. La salvación de cada hombre depende de lo que éste encuentre bajo su cielo personal. .

Si somos artistas, creadores o profetas, tenemos la capacidad de percibir el caos. Todos aquellos que hasta hoy lo han logrado se han impuesto, paradójicamente, la difícil tarea de imponer el orden. Toda visión del orden es una visión pasajera. ¡Sólo el caos es universal y absolutamente real!

Lo que un hombre dice o hace espontáneamente, lo hace en virtud de su sensibilidad.

El creador, para que lo sea verdaderamente, ha de saber mostrarnos, en cada obra suya, un pequeño espacio de su perspectiva del mundo.

El creador no se detiene ante nada. Sabe que lo más importante es reunir la mayor parte de sí. Sabe también que está obligado a vencer toda oposición y a no darse nunca por vencido. Crear es negar. Es insatisfacción con lo ya establecido.

Toda obra es autobiográfica. El autor no puede hablar más que de sí mismo.

En la perspectiva de la dispersión del yo, todo individuo, toda personalidad está en sus obras.

En ninguna parte más que en sus obras se refleja el espíritu de un hombre.

Es el hombre mismo quien se ha empecinado en autoencerrarse entre paredes sin puertas. Donde quiera que he entrado, he encontrado salida.

Bajo este firmamento en que me tocó nacer, traspasaré todos los límites. ¡En este instante estoy escuchando una voz persuasiva que me invita a ir más allá...!

La intuición es la chispa que incendia el alma del creador. Debido a ese fuego que arde dentro de él, se pone a decir cosas, que en un principio no tienen ningún sentido para los otros hombres. En ese instante de ardor espiritual se pone a relacionar, de manera arbitraria, cosas sumamente dispares.

Los grandes creadores son dueños de territorios cuyas fronteras están protegidas por murallas de sombras.

Ellos no dicen lo que dicen para que lo entiendan los demás, lo dicen por que tienen que decirlo. Son conscientes de que los otros no entienden y sencillamente se encogen de hombros.

Lo que yo digo, lo hago porque sé que nadie más en todo el universo podría decirlo, callarlo sería egoísmo de mi parte.

Todo hombre enterado es un hombre triste. Me decepciona un hombre que siempre esté alegre.

Hay sabios que se vanaglorian diciendo que han encontrado su yo. Yo no encuentro si no fragmentos por todas partes: en ciertos libros de filosofía he encontrado una buena parte, en algunos de ficción he encontrado otro tanto, en algunos poemas he encontrado también una parte considerable de mí yo.

¡Soy violento y agresivo! Si no logro reunir la mayor parte de mí, bajo este cielo en que me tocó nacer, nadie sabrá que nací a mediados del siglo veinte, en un país llamado Nicaragua...

Transcender la realidad colectiva. Saltar las barreras del entorno, eso es lo que me he propuesto.

¡Psiquiatras y psicólogos, no perturbéis a los esquizofrénicos!

Mis amigos dicen que pueden ver dónde termina el horizonte. Yo no puedo palpar ni siquiera las paredes de mi casa. Y no es que no estén ahí donde las construyó el albañil... ¡No poseo la noción de límite!

Si el eterno retorno, no hubiese resultado ser una ficción, ya hubiera muerto de tristeza. Nietzsche terminó en un manicomio. Yo tengo ansias de espacio. Me he propuesto ir más allá de los múltiples espacios que hay en el cuerpo de mujer.

Describamos las cosas tal y como las veamos. Sólo hay imágenes de seres indefinidos que se mueven de manera imprevisible, cuyos movimientos de manera inexplicable nos afectan.

El mundo está llegando a un estado crítico. El destino anda en alas del azar.

Si una estrella se desprendiese de su firmamento, inmediatamente dejaría de ser lo que soy. Y si yo cambio, todo lo que hay a mi alrededor sufriría también cierto cambio.

No es pensando que llegaremos a provocar confusión, y por último agitación en nuestro entorno.

La fuerza de todo transgresor radica en su capacidad de imaginación.

Si queremos salvarnos, hemos de ser capaces de inventar a nuestros padres. Ya no hay tiempo para ponerse a razonar. Hemos de actuar como si el cielo estuviese a punto de romperse.

En el contexto de un tiempo lineal, el hombre con toda holgura podía hacerse una y otra vez, preguntas como éstas: ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está la entidad que hace uso del cerebro?

En la perspectiva de un tiempo saltarín, es la capacidad de transmutación lo que importa.

Hemos dicho que el dinamismo es factor de salvación y la sensibilidad es el mayor atributo del hombre.

Si alguien queda bajo los escombros, no podrá justificarse.

Si percibimos vibraciones de universos distantes, ya estamos a salvo.

La humanidad es un proceso de integración de individuos. Cuando me esfuerzo por reunir la mayor parte de mí, lo hago no sólo por mí, sino también por todo el resto de los hombres.

¡Ojalá puedan dispensarme todos aquellos que han sufrido ante el ímpetu de mi agresividad!

¿Podría, de otra manera, aspirar a ser una gran suma espiritual?

No me pondré a analizar el problema de si existe o no la verdad objetiva.

Es evidente cada vez más, que nuestro universo es polidimensional.

El desarrollo extrasensorial es nuestra única salvación.

No es posible mantenerse en estado pasivo. Sabemos que el caos reina en el universo. Que todo firmamento se rompe. El mundo no es una serie de acontecimientos, es una correlación de sucesos.

A Dios, debió haberlo afectado tanto la creación y luego la descripción de nuestro mundo, al extremo de que pudo haber sido ésta la causa de la dispersión espiritual.

En un mundo de correlación de sucesos, el mismo hecho de observar, afecta ya, a lo que observamos y de manera recíproca somos afectados también.

Dentro de estas variantes no hay lugar para un punto de vista omnisciente. Esto afecta el contexto de la narrativa en general. Ya no somos capaces de concebir nada fuera de la trama.

 

Lo que creamos comienza a afectarnos mucho antes de que podamos mostrarlo y durante el proceso de la mostración, seguimos siendo afectados...

Lo único que asegura la existencia de cualquier universo, es la interrelación de sus elementos...

Un individuo sufre en la medida en que es consciente de los problemas que suscitan a su alrededor.

¡Estoy a punto de morir, si puedo reconfigurarme, romperé el cielo convencional!

Si hemos perdido la habilidad de engarzar ideas y nuestra imaginación no tiene ya el poder de materializar, no nos refugiemos en el autoconsuelo.

Allí están las aguas profundas. Está el desierto. Hay un puñal en el fondo del baúl. Si no podemos mantener el equilibrio sobre la tierra fresca, ¡qué se rompa el cielo!

No estaré a la defensiva frente al mundo, seré el agresor. Sé que no hay leyes a mi favor. He de inventar mis propias leyes.

Han comenzado a caer sobre nuestras cabezas, fragmentos del cielo que heredamos. Más allá de este territorio en decadencia, hay otro, cuya ecología virgen, nos permitirá estructurar un nuevo firmamento.

Vamos a erradicar de la cabeza del hombre la noción de límite. No hay distancia que no pueda ser recorrida por la imaginación de un hombre.

En la perspectiva de los hombres superiores no hay punto medio; se elevan hasta el cielo o se hunden en las profundidades del infierno.

Sabemos que el mundo es una correlación de sucesos. Podemos andar en todos los sentidos imaginables.

La vida es un viaje a través de un hilo muy delgado. Si cruzamos el puente, después de que se rompa el cielo que heredamos, entonces sí, seremos hombres extraordinarios. Yo he sobrevivido a todas las catástrofes que he podido imaginar.

¿Por qué no renunciamos a nuestras limitaciones y tratamos de vivir como si estuviésemos soñando?

¡Se romperán todos los firmamentos, el caos reinará en todo el universo, Dios y Luzbel perderán su identidad!

Vosotros, hombres; ¿Queréis que ese momento llegue?

¡Yo querría anunciar el día exacto de esa catástrofe universal!

 

SENSIBILIDAD Y PREDISPOSICIÓN

 

 

Nuestro mundo es "dispersión espiritual y es a su vez, polidimensionaL. Hemos enfocado estos dos aspectos de nuestro mundo y en ambos es evidente la fragilidad de todos los cielos.

Donde todo es posible, nadie está seguro de nada. ¿ Y si el soñar es una vigilia en otra dimensión, (según la neurofisiología, cuando estamos soñando consumimos una cantidad de energía similar a la que consumimos en vigilia) quién nos asegura, que en una noche de tantas, no nos podamos quedar para siempre, atrapados en un sueño y como si fuera poco, en un sueño de terror? Y por otro lado, Si sufrimos una disociación, ¿cómo hacer para reunificarnos?

¿Qué hacer para superar la hipersensibilidad?

¿Cómo hacer para recorrer todos los espacios que podamos imaginar?

De ahora en adelante las preguntas sobran. El hombre ha de mantenerse en un estado de predisposición absoluta. (el término absoluto significa aquí el más alto grado) y cuando le toque actuar, ha de hacerlo, como si el cielo estuviese a punto de romperse.

En el contexto de este universo, que es dispersión espiritual y a la vez es polidimensional, vamos a enfocar el comportamiento posible del hombre.

En un mundo de sorpresas, donde nadie está seguro de nada, el hombre está obligado a ser desconfiado y a sentirse inseguro.

En estas condiciones hemos de estar preparados para lo peor y esto le da a nuestro mundo un carácter dinámico. En tal perspectiva, la inseguridad es una actitud suficientemente racional.

Lo opuesto a la "duda" cartesiana no es la "certidumbre" del cristianismo. (En un mundo de creencias como en un mundo de dudas, el hombre es pasivo). Sólo en un mundo de inseguridad, donde el hombre no puede estar seguro de nada puede volverse activo, dinámico.

Otra condición del mundo que obliga al hombre a convertirse en un ser dinámico, es su multilateralidad. Debido a este aspecto de nuestro universo, es que no podemos alcanzar la verdad, su determinación depende de nuestra perspectiva. Nunca llegaremos a ser dueños absolutos de la verdad (pero eso sí, estamos obligados a seguir reuniendo pedacitos y más pedacitos.)

En la perspectiva de la dispersión espiritual, el yo es una suma que nunca llega a ser totalidad. No podemos hablar nunca refiriéndonos al yo como algo definido, como algo terminado. No es posible un yo de tal naturaleza. Desde esta óptica, solo podemos interpretar imágenes de seres indefinidos.

La sensibilidad, como he afirmado siempre, es el mayor atributo del hombre. Es la condición sensible lo que vuelve al hombre complejo. ( Y de esto se deriva también su capacidad de transmutación). Sin esta particularidad su estudio sería sencillo.

La infinidad de definiciones del hombre, es en virtud de sus múltiples aspectos que presenta en cada momento determinado.

Es debido también a su sensibilidad que está expuesto a constantes transmutaciones, que paradójicamente, es lo que le permite perdurar dentro de la asimetría de este mundo.

Aquí, la supervivencia del individuo depende de su habilidad para sumar y no restar.

Si nadie (más que yo) es responsable de mis actos, tendré que hacerles frente sin la ayuda de nadie a cada situación y estoy obligado, (de esto estoy seguro) a hacerlo con la mayor premura posible.

La disociación, puede producirse en el individuo, por equivocación, que reste y no sume.

Debido a nuestra sensibilidad podemos ser fácilmente afectados por los acontecimientos que surgen en nuestro entorno, pero también nuestro comportamiento depende en gran medida, de nuestra habilidad para elegir.

En la medida en que nos equivoquemos o no, en nuestras elecciones nuestros comportamientos serán buenos o malos. Si elegimos bien habremos realizado un acto de integración, por el contrario, si elegimos mal, habremos realizado una resta.

Cada vez que elijamos mal, estaremos al borde de la disgregación.

Cualquier diferencia entre un individuo y otro se debe siempre a dos factores principales 1) que han sido afectados por una serie de acontecimientos diferentes y aun cuando se diese la casualidad de que los alcance un mismo acontecimiento a ambos, los afectaría a cada uno de manera diferente, debido a la distinta estructura físico-espiritual en cada uno de ellos y 2) porque a cada uno le habrá tocado elegir presionado por situaciones distintas y de hecho, frente a grados distintos de incertidumbre.

La percepción de la incertidumbre es un problema serio para el hombre contemporáneo.

Frente a la incertidumbre, desgraciadamente, la mayoría de los hombres se vuelve vacilante.

Es preciso que el hombre contemporáneo esté preparado para afrontar la más oscura incertidumbre.

Veamos esto desde otra perspectiva.

Todo individuo, al menos todo individuo normal, posee dos imágenes de sí mismo. Posee una imagen que representa lo que es y otra que representa lo que quisiera ser.

La distancia que separa una imagen de la otra, a veces es causa de una gran incertidumbre.

Al no tener una idea clara, el individuo, de dicha distancia, puede sufrir perturbación, puede que crea que esta distancia es fácil de alcanzar y emprender la lucha con gran optimismo, pero si resulta que es imposible después de un tiempo que él cree suficiente y que además, siente que sus energías lo abandonan, a partir de ese momento, dicho individuo comienza a experimentar una profunda frustración.

Su comportamiento depende en gran medida, de la percepción precisa o distorsionada de esta distancia.

Una manera de mantenernos íntegros, es llegando a la conclusión de que todo aquello que nos mueve es nuestro, sin importar la distancia a que se encuentre de nosotros, ya forma parte de nuestro ser, lo hemos incorporado a nuestro espíritu.

La imagen que querríamos poseer de nosotros mismos, ya es nuestra. Vino a nuestro encuentro de manera sutil.

Todas las cosas que deseamos, ya las estamos disfrutando, ya están incorporadas en nuestro espíritu. Todo movimiento que realizamos nos deja, aunque sea un poquito, de algo.

En nuestra dinámica, la práctica común de conocer y después hacer, ha de quedar superada.

El creador dice: hagamos que después habrá tiempo de sobra.

Vamos a comenzar a vivir como creadores en nuestra cotidianeidad. Haremos y después comenzaremos a conocer.

Ahora que sabemos que nuestro cielo se romperá, que cada día nuestro espacio se reduce. Hemos de estar preparados para dar el salto hacia otro plano.

Si alguien me dijese a mí por ejemplo: ¡qué hago en este mundo, predomina su aspecto accidental y además, oscurecido por la incertidumbre...!

Yo le diría: amigo mío; la desesperación, la frustración y la decepción, surgen cuando nos resistimos a reconocer las cosas que hemos recibido; lo que te agrada y lo que no te agrada ya pertenecen a ti, porque ya están como dijimos antes, integradas en tu espíritu.

Todo lo que te mueve te salva, porque el movimiento es factor de salvación, no necesitas de la ayuda de nadie, a menos que te dejes confundir por los aspectos ilusorios del mundo.

Dentro de estos parámetros, ¿qué papel jugaría la psicoterapia?

Sin duda que jugaría un papel importantísimo.

El psicoterapeuta tendría que ser ante todo un conocedor de los fenómenos extrasensoriales y muy hábil para iniciar procesos de empatía.

A estas alturas ya comenzamos a tener problemas para distinguir la línea que divide lo sensorial de lo extrasensorial.

Vivimos al borde del misterio. Es preciso que nos convirtamos en acróbatas y es importante también que aprendamos a transmutar nuestro lenguaje.

Estamos en un momento crucial de nuestra historia. Es menester que reiniciemos nuestra aventura acorde con las exigencias del momento.

Hemos de ser capaces de actuar igual que lo hace el acróbata en la mitad de la distancia que ha de recorrer, echarse para atrás significa tanto o más peligro que seguir hacia delante, por lo tanto sabe decirse así mismo: ¡mi supervivencia depende de que pueda moverme, seguiré moviéndome hacia delante sobre esta cuerda!

Debemos estar preparados también para que nuestra actitud, en cualquier momento crítico, pueda ser idéntica a la de un individuo, que encontrándose a punto de ser ejecutado, sabe que su salvación depende de una sola palabra, pero que no sabe cual es tal palabra, porque en el transcurso del proceso que culminará con su ejecución, olvidó su viejo lenguaje, pero que frente a la rigidez de su verdugo, mantiene abierta la posibilidad de salvación y merced a esto, es que, en el último instante crea un lenguaje personal y pronuncia la palabra mágica.

CREAR Y HACER...

Quiero comenzar la exposición de estas reflexiones señalando algunas características esenciales del "hombre moderno": la primera intención, cuando se volvía consciente dentro de su contexto social, era la de arraigarse, la de echar raíz. Su mayor aspiración era la de poder establecerse, como individuo o como institución, para en última instancia tratar de serrarse sobre sí mismo en un afán de perpetuidad.

Teniendo el futuro una dirección bien determinada, podía adelantarse al resultado de muchos acontecimientos, por esto, dedicaba un tiempo exagerado a fundarse sólidamente. De lo que hiciera hoy dependía el mañana. Si quería aspirar a un futuro de bienestar, tenía que aprender a hacer bien las cosas. Toda su preocupación estaba en no equivocarse. "Al paso y buena letra", (este adagio popular debe ser creación del "hombre moderno).

Por otro lado, la idea de progreso lo llevaba a creer que la humanidad tenía un destino bien trazado. Si todo marchaba hacia un estado más perfecto, el hombre, que relativamente era lo más perfecto, siendo la imagen de Dios, era seguro que alcanzaría el estado de perfección y de paso una estancia paradisíaca. La razón como método inequívoco, le permitiría hacer frente a las variantes que pudiera ofrecerle el mundo.

La fidelidad a esta gama de conceptos lo fue volviendo pasivo, estático, rígido...

En el contexto moderno era fácil erigirse en autoridad (la técnica estaba sobre la creación) bastaba con dominar alguna técnica. La supremacía del técnico sobre el creador era total. El técnico ingeniero, el técnico médico, el técnico albañil, el técnico mecánico, en fin, el técnico literato que se sabía de memoria las reglas de la gramática, el técnico versificador que conocía la métrica poética como la palma de sus manos. La "modernidad" fue época de jerarcas, jerarcas de la iglesia, jerarcas de la ciencia, jerarcas de la literatura, etc., Etc....

Cualquier intento de creación libre, si no era suficientemente racional, era inmediatamente descalificado.

De suerte que el mundo no es lo que habían supuesto los racionalistas y los progresistas. Prueba de ello es que, "todas las murallas, opacas y transparentes han sido demolidas". Y los grandes espíritus han comenzado a aspirar aires de libertad.

Cuando el hombre se dedica a conocer es poco lo que llega a hacer. El analista es improductivo porque es hijo del racionalista. De esta misma estirpe son aquellos individuos que luchan por establecerse para después cerrarse sobre sí con el fin de perpetuarse.

El creador, lo único que exige, es que no le estorben. Libertad para crear y hacer, es todo lo que necesita. Ante lo imprevisible, la predisposición es lo más racional y lo más útil.

"El hombre moderno" concebía el mundo como una superestructura, dentro de la cual se sentía seguro, ya que podía prever cualquier pequeño cambio. Además, todos estaban dentro de esa superestructura como objetos bien determinados y con una orientación bien definida y un futuro alcanzable. Esta seguridad lo convertía en un ser pasivo. Por otro lado, Dios era orden, por tanto, todo debía tender hacia el orden. Eran inconcebibles conceptos como azar, caos, incertidumbre etc., etc.

En las nuevas concepciones del mundo y de la vida, estos son conceptos esenciales.

En este nuevo contexto universal no hay espacio para gregarismos. No hay un Dios limitador. Todo depende del individuo. El creador ha sido dejado en libertad. No hay una superestructura para todos. Cada quien se crea la suya propia. El concepto de realidad objetiva que tanto esgrimía el "hombre moderno" va perdiendo crédito. Cada individuo tiene su propia historia que contar y ha comenzado a ser respetada esa verdad personal. La verdad de cada individuo es la negación de cualquiera otra verdad posible. Mi universo es la negación de todos los otros universos posibles. El mundo que descubrí hace un momento es todo mío. No puedo compartirlo, no quiero compartirlo, incluso, negaré cualquier otra versión. Mi mundo es el único mundo real. Por lo demás, este mundo es inestable, es huidizo, es frágil. ¿De qué ha servido tanta erudición? A la larga, ha sido siempre la capacidad creativa lo que ha salvado al hombre.

Yo tengo mi mundo, si se me esfuma, ya sé cómo reinventarlo.

No me pondré a hacer abstracción de cada uno de sus elementos. Si es inestable, si constantemente se transmuta, si no tiene una estructura fija, no encuentro razón para ponerme a interpretarlo. Más bien me pondré a practicar la acrobacia. En este mundo mío, que es multiestructural, la memoria es uno de los grandes atributos. Frente a cada catástrofe he ido recordando las anteriores.

La condición del hombre superior consistirá en que pueda cruzar varios mundos. Una de nuestras aspiraciones será la de poseer una experiencia infinita.

Antes los hombres eran lentos, morían donde nacían. No se habían percatado de la inestabilidad reinante. No sabían que toda estructura es pasajera e incluso fugaz. Luchar por establecerse era la más grande aspiración del individuo. El arte de interpretar era un don sublime. La obediencia era una gran virtud.

Uno de los rasgos esenciales del hombre actual es la premura con que actúa. Sabe que nadie puede ayudarlo. Dios no está presente ya, quedó sepultado en los escombros del viejo firmamento. Sabe también que es inútil ponerse a razonar, que sólo la creación salva, que todo el tiempo dedicado a conocer fue un tiempo perdido.

 

 

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