Poemas
¡Tengo sed!
No tuve la dicha de escoger.
Sólo tuve acceso a esta tierra árida.
He caminado día y noche tratando de ir
más allá de los espejismos.
Se aproxima la última noche, la noche profunda...
Pronunciaré una frase.
Haré lo que han hecho todos los que tuvieron
la desdicha de precederme.
Lo único que podemos dejar en este espacio vacío,
es el eco de nuestra voz.
Voy a pronunciar mi última frase con todo el ancho
de mi boca.
Aquellos que vienen tras de mí,
podrán reconocerme...
¡Qué importa ese mundo que queda más allá
de ésta aridez,
cuando hablo, mi voz no se confunde en una multitud
de voces!
Después un águila que desolaba los aires.
Cuando era hombre,
me tomaron una fotografía cruzando el bulevar.
Hace diez siglos,
era un enjambre de mariposas blancas.
cuando nací,
mi madre era una serpiente que se alimentaba
con estrellas y defecaba ruiseñores.
Y mi padre era un monje
que meditaba en el fondo del océano.
Ahora mis hijos
son gaviotas relegadas en el desierto.
Y mi madre una cigarra disecada.
Y mi padre un loco
Que intenta perforar el cielo con la mirada.
¡Qué hago,
en este instante con estas garras de tigre!
en el espejo,
ni el que se refleja en el agua clara,
mucho menos el hombre que está estático
en la fotografía que tengo sobre el escritorio.
Soy una corriente de agua oscura, que está
Bajando de la montaña.