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Nietzsche: La Filosofía Narrativa de la
Mentira,
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la Metáfora y el Simulacro
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Domingo
Cía Lamana
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| Nietzsche en varios pasajes de sus obras, pero sobre todo,
en su pequeño escrito Sobre Verdad y Mentira en sentido extramoral
(que vió la luz como póstumo en 1903), va aclarando que la
fuente original del lenguaje y del conocimiento no está en la lógica
sino en la imaginación. En la capacidad radical e innovadora que
tiene la mente humana de crear metáforas, enigmas y modelos. El
edificio de la ciencia se alza sobre las arenas movedizas de ese origen. |
| Nosotros nos preguntábamos hace un rato dónde
colocar la verdad, ¿qué es la verdad? y con brillantez Nietzsche
ha contestado: |
| «¿Qué es entonces el la verdad? Una
hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos,
en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas,
extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que después
de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes.Las
verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas
que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido
su troquelado y no son ahora ya |
| consideradas como monedas, sino como metal.» (1) |
| Estos supuestos dan la clave de la respuesta
de Nietzsche a la pregunta por el impulso a la verdad. El hombre es un
animal social y ha adquirido el compromiso moral de «mentir gregariamente»,
pero con el tiempo y el uso inveterado |
| « ...se olvida [...] de su situación [...]
por tanto miente inconscientemente y en virtud de hábitos seculares
y precisamente en virtud de esta inconsciencia [...] de este olvido, adquiere
el sentimiento de verdad.» (2) |
| Con razón podemos constatar que
hay mucho Kant en la epistemología de Nietzsche. Si llevamos esta
teoría suya del conocimiento a la descripción de una ley
de la naturaleza, él mismo se pregunta y él mismo se contesta
en el pequeño libro que escribe y al que nos estamos refieriendo:
«¿Qué es en suma para nosotros una ley de la naturaleza?»
E igual que un discípulo de Kant con su lección de la Crítica
de la razón pura bien aprendida, nos |
| contesta: |
| «No nos es conocida en sí, sino sólo
por sus efectos [...] y (sus relaciones) nos resultan completamente incomprensibles
en su esencia [...] en realidad sólo conocemos de ellas lo que nosotros
aportamos: el espacio y el tiempo, por tanto las relaciones de sucesión
y los números.» (3) |
| Así, Nietzsche se refiere expresamente
a la metafísica trascendental que él había vituperado
cien veces en sus obras, para acabar indicando que |
| «...como la araña teje su tela, así
estamos obligados a concebir todas las cosas sólo bajos esas formas.»
Y así, «toda la regularidad de las órbitas de los astros
y de los procesos químicos, regularidad que tanto respeto nos infunde,
coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros introducimos
en las cosas, de modo que, con esto, nos infundimos respeto a nosotros
mismos.» (4) |
| Nos hemos acercado a Nietzsche no
tanto para estudiar su teoría del conocimiento sino para constatar
cómo fundamenta sobre la metáfora, por tanto sobre lo narrativo,
la posibilidad racional del ser humano. Y así con rotundidad acaba
el capítulo al que nos estamos refiriendo: |
| «En efecto, de aquí resulta que esta producción
artística de metáforas con la que comienza en nosotros toda
percepción, supone ya esas formas y, por lo tanto, se realizará
en ellas; sólo por la sólida persistencia de esas formas
primigenias resulta posible explicar el que más tarde haya podido
construirse sobre las metáforas mismas el edificio de los conceptos.
Este edificio es, efectivamente, una imitación, sobre la base de
las metáforas, de las relaciones de espacio, tiempo y número.»
(5) |
| La metáfisica se puede emplear
como poesía, subrayando la gran significación de las apariencias
y la gran función de la invención y falsificación
en la narración, poesía y en el mito. |
| Esta necesidad de metáfora Nietzsche la lleva a todos
los campos humanos, tanto los del saber como los del lenguaje. Se convierte
en un impulso fundamental del hombre del que no se puede prescindir ni
un instante aún cuando esté produciendo conceptos para la
ciencia. Sobre todo, esto se ve en la capacidad del hombre de hacer arte
y de elaborar mitos que |
| «...continuamente muestra el afán de configurar
el mundo existente del hombre despierto, haciéndolo tan abigarradamente
irregular, tan inconsecuente, tan inconexo, tan encantador y eternamente
nuevo, como lo es el mundo de los sueños.» (6) |
| El hombre toma conciencia de estar despierto
cuando en alguna ocasión un tejido de conceptos es desgarrado de
repente por el arte y llega a creer que sueña: |
| «La diurna vigilia de un pueblo míticamente
excitado, como el de los antiguos griegos es, de hecho, merced al milagro
que se opera de continuo, tal y como el mito supone, más parecida
al sueño que a la vigilia del pensador científicamente desilusionado.
Si cada árbol puede hablar como una ninfa, o si un dios, bajo la
apariencia de un toro, puede raptar doncellas.... |
| Tal operación mediadora es la trama, a través
de la cual los acontecimientos singulares y diversos adquieren categoría
de historia o narración. La trama confiere unidad e inteligibilidad
a través de la síntesis de lo heterogéneo. Nada puede
ser considerado como acontecimiento si no es susceptible de ser integrado
en una trama, esto es de ser integrado en una historia.» (7) |
| No podemos decir que el relato histórico
sea idéntico al relato narrativo. En el primer caso la verdad apunta
a una realidad ya acontecida, pero la ficción puede hacer que la
misma diosa Atenea puede ser vista en compañía de Pisístrato
recorriendo las plazas de Atenas en un hermoso tiro -y esto lo creía
el honrado ateniense-, entonces en cada momento, como en sueños,
todo es posible y la naturaleza entera revolotea alrededor del hombre como
si solamente se tratase de una, creando así un conflicto, que dura
hasta nuestros días entre conocimiento y arte, ciencia y sabiduría.
Mentir ha dejado de ser algo que pertenezca a la moralidad y se convierte
en «desviación consciente de la realidad que se encuentra
en el mito, el arte, la metáfora». Mentir, en el terreno
de la estética, es simplemente el estímulo consciente e intencional
de la ilusión. |
| Vaihinger, en su magnífico estudio, hace un recorrido
de las obras de Nietzsche recogiendo las citas que tengan que ver con la
capacidad de ilusión. Brevemente recogeré algunas que nos
ayuden a describir la fuerza de la ficción e ilusión en el
mundo de la narrativa. En los Escritos póstumos de su período
juvenil, el arte, al tiempo que es una creación consciente, es también
y sobre todo una ilusión estética: «nuestra grandeza
reside en la suprema ilusión, pues es ahí donde somos creadores...»
El último de los filósofos prueba la necesidad de la ilusión.
La consumación de la historia de la Filosofía es por tanto,
de acuerdo con Nietzsche, la filosofía de la ilusión: Nuestra
grandeza reside en la suprema ilusión, pues es ahí donde
somos creadores. Según Nietzsche vivimos pensado completamente bajo
la influencia de los efectos de lo ilógico: |
| «...conocer es simplemente trabajar con la metáfora
favorita de uno... porque la construcción de metáforas es
el instinto fundamental del hombre.» |
| Pero aún hay más. Para Nietzsche puede haber
errores necesarios: |
| «a veces necesitamos la ceguera y debemos permitir
que ciertos errores y artículos de fe permanezcan intactos en nosotros
mientras nos mantengan en vida.» (8) |
| A estas ficciones las llama «ficciones
reguladoras» y las reconoce como «errores ópticos»,
simplemente porque las necesitamos para vivir. Y son errores en la medida
en que todas las leyes de la perspectiva deben por su naturaleza ser errores.
En este sentido habla de las auténticas falsedades vivientes, de
los errores vivientes y añade: |
| «He aquí por qué debemos permitir
vivir a los errores y proporcionarles un amplio dominio. Para que pueda
haber algún grado de consciencia en el mundo, tiene que surgir un
mundo irreal de error... Mientras no ha surgido un mundo imaginario, en
contradicción con el flujo imaginario ... y así podemos ver
el error fundamental sobre lo que descansa todo lo demás: la creencia
en la permanencia... pero este error sólo puede ser destruido con
la vida misma ... nuestros órganos están ajustados al error.
Así pues surge aquí en el hombre sabio la contradicción
entre la vida y sus últimas determinaciones: el instinto del hombre
para el conocimiento presupone la creencia en el error y en la vida ...
errar es la condición de la vida .. el hecho de que sabemos que
erramos no suprime el error :" ¡Y esto es un pensamiento amargo!
Debemos amar y cultivar el error: es la madre del conocimiento.»
(9) |
| Varios pasajes corroboran este convencimiento
nietzscheano: |
| «Hemos organizado un mundo en el que podamos vivir
-suponiendo cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento
y reposo, forma y contenido; ¡sin estos artículos de fe nadie
sería capaz de soportar la vida! Pero esto no significa que ya se
ha aprobado algo. La vida no es argumento; pues el error podría
ser una de las condiciones de la vida. |
| Nuestra concepción empírica del mundo,
se basa en "presupuestos fundamentalmente erroneos ..., el mundo como idea
significa el mundo como error.» (10) |
| En este contexto Nietzsche alude expresamente
a Kant: |
| «...cuando Kant dice: la razón no deriva
sus leyes de la naturaleza sino que las prescribe a la naturaleza, eso
es, con respeto al concepto de naturaleza completamente verdadero.» |
| Esta frase de Kant, como podemos inferir de otras referencias
ocasionales a ella, le produjo una gran impresión a Nietzsche. Es
justamente esta fuerza de la mente creadora, inventiva, poética
y falsificadora, lo que Nietzsche subraya repetidamente. Después
de Kant se vuelve problemático seguir manteniendo la diferente caracterización,
establecida sobre la base del dualismo platónico, entre lenguaje
filosófico como lenguaje de la verdad, y el lenguaje literario comprendido
desde la descripción clásica de la retórica. Kant
enseña que entre la cosa en sí y el lenguaje no existe posibilidad
de adecuación. El lenguaje fuerza -como luego describirá
Nietzsche- la identificación de lo no idéntico introduciendo
la posibilidad de la analogía. La naturaleza del lenguaje es esencialmente
simbólica, figurativa o metafórica. No podemos sobrepasar
sus límites. No existe realidad-fundamento anterior al lenguaje
que pudiera ser el criterio de verdad para distinguir un lenguaje literal
de otro imaginario o retórico. |
| La diferencia filosofía-literatura, de poderse establecer,
habrá de girar en torno al propio lenguaje, deberá ser una
diferencia interna al texto. |
| Nietzsche consciente o inconscientemente sigue el camino
kantiano del conocimiento y de la noción de verdad. La verdad crítica
kantiana no conserva ya la definición tradicional de verdad como
adequatio más que como definición formal o nomina La verdad
trascendental no es más que la realidad objetiva de los conceptos,
condición de posibilidad de la comprensión efectiva de algo.
O dicho de otra manera y con terminología kantiana: «La
verdad trascendental no es más que el proceso mismo de la representación
del concepto en la intuición». (11) |
| De modo que -y esto nos interesa recoger
en nuestra tesis que habla de un tipo de expresión que es el narrar-
en el planteamiento kantiano la filosofía tiene, al igual que el
arte, al mismo tiempo como objeto y condición de una verdad, su
propìa re-presentación. Y esta verdad no es más que
la exactitud de una adecuación que no es ya la adecuación
a una cosa sino la síntesis de la autoexposición, o sea,
adecuación según la cual el objeto se representa. La verdad
trascendental no requiere, en definitiva, una comprobación de su
conformidad con la cosa como instancia y criterio exterior, sino representarse,
autoexponerse, ejecutarse como filosofía. |
| Nietzsche reconoce también la distinción entre
cosa-en-sí y apariencia como una invención conceptual: |
| «la verdadera esencia de las cosas es una invención
del ser pensante o concipiente, sin la cual no sería éste
capaz de representarse las cosas a sí mismo. La totalidad del mundo
fenoménico es una concepción tejida de errores intelectuales,
el mundo como idea es lo mismo que el mundo como error.» (12) |
| Nuestro mundo externo es un producto
de la fantasía. La creencia en las cosas externas es uno de los
errores necesarios de la humanidad. El mundo sensible y perceptibe es,
en su totalidad, el poema primordial de la humanidad. |
| Nos interesa llevar toda esta teoría del conocimiento
de Nietzsche al terreno de la estética que es donde vamos a situar
finalmente la categoría narración, objetivo de nuestro estudio.
Nietzsche habla del «engaño artístico». El arte,
es «una especie de culto a lo falso» y se basa en «la
voluntad de ilusión». A este propósito cito el significativo
pasaje: |
| «¡Qué es entonces apariencia para
mí! Seguramente no lo contrario de ningún Ser real. ¡Qué
puedo yo decir de Ser alguno excepto los meros predicados de su apariencia!
¡Seguramente no una máscara muerta que se puede poner sobre
la cara de algún desconocido, y también presumiblemente,
volver a quitársela! Apariencia es para mí lo que actúa
y mueve...» |
| En las obras de Nietzsche que se suelen poner en el tercer
período, como Zaratustra, Más allá del Bien y del
Mal, Genealogía de la Moral, El crepúsculo de los ídolos,
Anticristo, aparece el problema del valor de la verdad, situado no sólo
más allá del Bien y del Mal, sino también más
allá de la verdad y la falsedad: «no es más que un
prejuicio moral el considerar a la verdad como más valiosa que la
ilusión». Y es aquí donde Nietzsche indica que la perspectiva
es la condición básica de toda vida. En este sentido Nietzsche
había ya dado a su filosofía el título de «perspectivismo».
Y así encontramos citas como esta: «Nuestro poder lógico-poético
de determinar las perspectivas de todas las cosas». Y en un tono
más kantiano, Nietzsche se refiere a la abundancia de errores ópticos
que inevitablemente fluyen de ahí y que debemos mantener conscientemente. |
| Este modo perspectivo de creación imaginativa, que
se halla en todos los seres orgánicos, constituye un acontecer,
un acontecer interno que acompaña al externo. Vuelve a repetir que
el engaño y la falsificación son necesarios para la vida.
Somos los únicos seres de la naturaleza que tenemos la capacidad
de crear esto es de inventar, imaginar. |
| Parece como si hiciéramos vivir a los organismos
de la naturaleza nominándolos con nombres equivocados: sustancias,
atributos, causa, efectos. En este sentido, por ejemplo, la física
hace uso de la teoría atómica, aunque ésta es una
de las cosas más refutadas que existen, pero la teoría científica
sirve al científico como una herramienta conveniente, como una abreviatura
de sus medios de expresión: |
| «Esta ley natural de la que vosotros físicos
habláis tan orgullosamente, pero que existe sólo en virtud
de vuestra interpretación, no es ningún hecho, es sólo
una ingenua forma humana de ordenar las cosas.» (13) |
| A estas ficciones las llama Nietzsche
perspectivas: «Si saliéramos del mundo de las perspectivas,
pereceríamos ... Debemos aprobar lo falso y aprobarlo»
(XIV, 13). En filosofía sujeto y objeto son conceptos artificiales,
aunque coyunturalmente indispensables y causa y efecto no deberían
hacerse erróneamente concretos, deberían usarse sólo
como ficciones convencionales con el propósito de definir, entender
y explicar. |
| «Somos nosotros mismos los que hemos inventado
las causas, interdependencias, relatividad, impulso, número, ley,
libertad, fin: y cuando leemos este mundo de signos en las cosas como algo
realmente existente y mezclado con ellas, simplemente estamos haciendo
lo que siempre hemos hecho, es decir, mitologizar.» (14) |
| Lo que queda aclarado con el célebre
texto: |
| «El carácter erróneo de un concepto
no constituye para mí una objeción a él; la cuestión
es en qué medida es ventajoso para la vida... En efecto, estoy convencido
de que las suposiciones más erroneas son precisamente las más
indispensables para nosotros, que sin admitir la validez de la ficción
lógica, sin medir la realidad con el mundo inventado de lo incondicionado,
lo idéntico en sí mismo, el hombre no podría vivir;
y que una negación de esa ficción... es equivalente a una
negación de la misma vida, Admitir la falsedad como una condición
de la vida implica, ciertamente, una terrible negación de las valoraciones
acostumbradas.» (15) |
| A este respecto Nietzsche se refiere
al principio de certidumbre pedido por Descartes y se pregunta ¿qué
pasaría si Dios, a pesar de Descartes, fuese un embaucador?: |
| «Supongamos que hay algo engañoso y fraudalento
en la naturaleza de las cosas... En semejante caso, en cuanto somos una
realidad, tendríamos que participar, en alguna medida, en esta engañosa
y fraudulenta base de las cosas y en su voluntad básica" "Descartes
no es bastante radical. Ante su deseo de tener certeza y su no quiero ser
engañado, es necesario preguntar ¿por qué no? ...
El punto de partida: ironía contra Descartes: dado que hubiese algo
engañoso en la base de las cosas de las que hemos surgido, ¡qué
bueno sería de omnibus dubitare! Podría ser el mejor modo
de engañarnos a nosotros mismos". De esto se sigue que: La voluntad
de apariencia, de ilusión, de engaño... es más profunda,
más metafísica, que la voluntad de verdad ... y es que el
carácter perspectivo y engañoso pertenece a la existencia,
debemos no olvidarnos de incluir esta fuerza forjadora de suposiciones
y perspectivas en el Ser Verdadero.» (16) |
| Nietzsche resume su doctrina en
las siguientes y monumentales palabras: |
| «Parménides dijo: No pensamos lo que no
es. Nosotros en el otro extremo, decimos: lo que puede ser pensado debe
ser ciertamente una ficción». Por esto Nietzsche no se
cansará de repetir que la apariencia, la ilusión y la ficción
no han de ser censuradas: «El perspectivismo nos es necesario».
Se trataba de inventar irrealidades y hacerlas creibles hasta el punto
de lograr que, por la fe de los hombres, tomaran cuerpo: que se convirtieran
en realidades. |
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| 4. La Creación por la Metafora |
| Acabamos de ver que en la teoría del conocimiento
de Nietzsche se nos indica que conocemos desde nuestro ángulo de
visión o perspectiva. No nos es posible una mirada total, nos pertenece
el límite de espacio y sobre todo de interpretación. Vemos
si interpretamos. Es nuestra posibilidad y nuestro riesgo. Esto es lo que
nos propone Nietzsche: un nuevo tipo de razón. Una razón
narrativa o categoría narrativa lo llamamos nosotros, que penetre
en las zonas de irracionalidad del ser humano. El hombre, dice M. Zambrano,
ha procedido a «una reforma del entendimiento» cada vez que,
en momentos críticos de la Historia, la realidad ya no corresponde
a las explicaciones dadas, es propio resistirse al entendimiento.(17) Como
la realidad normalmente se resiste al entendimiento, hay que acudir a la
reforma del entendimiento, hay que atreverse a nombrar lo irracional. La
verdad se nos presenta siempre como una perpetua aproximación que
nos está obligando a descubrir un nuevo uso de la razón más
complejo y delicado: la razón narrativa o categoría narrativa. |
| La categoría narración se puede presentar
como una metáfora al estilo de la metáfora de la «aurora»,
que emplea Schelling en su juventud, cuando escribe a Hegel, o como la
metáfora de la «esfera» de Schopenhauer. También
nos referimos a la Ilustración con la metáfora de la «luz»
y la metáfora «crisis» se suele emplear para aludir
al Renacimiento en contraposición al fideismo del medioevo. Pues
bien, la categoría narración puede referirse a la complejidad
de lo humano y a sus posibilidades de experimentar la realidad que se presenta
delante. Sólo si la experimenta la puede después narrar.
Turbayne indica que el hombre está condenado tanto a la interpretación
como a la perspectiva y por tanto a la metáfora. Lo importante es
que sea consciente de las metáforas que establece y que no las confunda
con la realidad. |
| Será bueno recordar que la palabra griega metafora
proviene de meta (más allá) y fero (llevar), es decir: meta-foreo:
trasportar; metafora significa por tanto, etimológicamente, trasporte.
Desde sus inicios el concepto de metáfora se presenta como el de
un instrumento adecuado para traspasar los límites impuestos por
la forma literal del lenguaje. La metáfora ha sido considerada tradicionalmente
como una comparación abreviada. |
| La metáfora designa un objeto mediante otro que tiene
con el primero una relación de semejanza. Así la mente manifiesta
su poder por sí mismo la capacidad fundamental que tiene la mente
para expresar relaciones que trasciende lo habitual. Superamos así
la simple adecuación lenguage- cosa y construimos mundos abstractos. |
| Turbayne denuncia ciertas metáforas que, a lo largo
de la historia comezaron siendo modelos geniales para terminar erigiéndose
en verdades; así el mecanicismo de Descartes y de Newton. Esto se
debe, piensa el autor, a una invasión de especie: «cuando
es empleado por una metáfora y se la toma en sentido literal, estamos
frente a un ejemplo de invasión de una especie».(18) Turbayne
invita a considerar las metáforas como hipótesis en su sentido
genuino, es decir, como suposiciones. Aunque no todas las |
| hipótesis son metáforas: es menester que también
haya «simulación». |
| La simulación es la primera cualidad a tener en cuenta
a la hora de fundamentar un «relativismo positivo», puesto
que en el momento en que deja de haber simulación la metáfora
se convierte en creencia. Dicho de otro modo, el sentido metafórico
se convierte en literal cuando se desvanece la conciencia de simulación.
Se dice entonces que la metáfora es una metáfora muerta.
La metáfora viva es aquella en cuya enunciación se sigue
manteniendo la conciencia de la aplicación inadecuada de sus términos. |
| Convertida en creencia, la metáfora muerta hará
perder a la razón su movimiento genuinamente creativo y se producirá
un anquilosamiento. «El que cae víctima de la metáfora
-afirma Turbayne- acepta una manera de clasificar, agrupar o colocar los
hechos como la única que existe para clasificarlos, agruparlos o
ubicarlos.» (19) Esta
rigidez sistemática se evita con el nuevo uso de la categoría
narración en donde la «verdad literal» puede convertirse
en una falacia, como nos ha dicho Nietzsche. Si se ha hecho uso consciente
o inconsciente de una metáfora es porque no se podía dar
otra visión más «auténtica» de la realidad
aún en el supuesto de que la hubiere. |
| ¿Quiere esto decir que todo conocimiento de la realidad
deba ser metafórico? Que todo conocimiento sea interpretativo no
implica que toda interpretación sea metafórica. Toda interpretación,
como toda hipótesis, tiene en su base una analogía, aunque
sólo fuese por el mero hecho de que lo que conocemos debe expresarse
en función de algo ya conocido, ya sea por contradicción
o semejanza, por extensión, pertenencia, etc. Ver algo como otra
cosa parece inevitable, de manera que las estructuras cognitivas llegan
a ser sofisticados sistemas referenciales cuyo referente no es ninguna
«realidad» originaria, sino el mismo sistema lingüístico
con sus propias y primitivas referencias. |
| Kant ya enseñó que en el conocimiento estamos
necesitados de esquematizar. Y algo tiene que ver con la metáfora. |
| «Lo que es esquema y esquematismo puede experimentarlo
cualquiera sólo por propia intuición interna, puesto que
nuestro pensar lo particular, en el fondo es siempre esquematizado. En
el lenguaje usamos siempre universales como designación de lo particular;
por ello el lenguaje mismo no es otro caso que un esquema.» (20) |
| La metáfora permite una nueva
visión, una nueva organización del universo, un nuevo orden,
pero lo realmente nuevo son las asociaciones que permiten ese nuevo orden.
Inventar una metáfora es crear asociaciones nuevas. Dar lugar a
una metáfora (abrir un lugar) es crear sentido. Y, si toda realidad,
como piensa Zambrano, exige ser descifrada de un modo tan nuevo como nueva
es la forma de presentarse la realidad en cada momento, la razón
que la descifre habrá de se razón creadora . (21)Y
no es extraño, como indica N. Goodman, que hay tantos modos de ser
del mundo como modos hay de expresarlo, verlo, describirlo. Y ninguno de
estos modos de ser es el modo de ser el mundo. Lo que equivale a decir
que el hecho de que el mundo se predique de diversas maneras no da derecho
a suponer que el mundo es de una determinada manera. Sin embargo, puede
decirse que el mundo es de diversas maneras, siendo así que el hombre
es un ser condenado a captarlo, verlo, entenderlo, describirlo, solamente
en uno u otro de sus modos. Pero, consecuentemente, cada hermeneuma o interpretación
(en terminología de Goodman) será real, será el mundo
verdadero, y poco importa que exista o no, fuera de ellos, un mundo original. |
| La creación de realidades no es una actividad solitaria;
se crea en sociedad, igual que se hacen las culturas, las cuales son expresiones
ordenadas de las realidades. No hay realidad independiente como no hay
mirada absolutamente descondicionada. «Los mitos del ojo inocente
y del dato absoluto son cómplices terribles», afirma Goodman.
Desestimada la recuperación de las formas, hay, sin embargo, una
manera de conjurar la |
| realidad, de lograr su presencia en su indefinible totalidad,
utilizando la metáfora como diagrama y un centro íntimo de
quietud como lugar de ceremonia. Si se trata de extender los límites
de la imaginación o de averiguar cuáles son estos límites,
si es que realmente los hay, el lenguaje metafórico parece el más
adecuado para conseguir ensanchar superficies visibles. Si llevamos toda
esta teoría al objetivo de comprender al hombre, nos damos cuenta
que no es posible explicar al hombre, sino sólo entenderle, en el
espacio que ocupa de historia. Pero tampoco frente a la historia puedo
comportarme como un registrador objetivo. Como ser histórico estoy
más bien incluido siempre en mi inteligencia de la historia. |
| Y, si como acabamos de decir, yo me experimento a mí
mismo sólo mediante el rodeo de mi encuentro con la historia, también
se puede al revés: que yo me entero de la historia sólo a
través del rodeo de la intelección de mí mismo. |
| Esto es lo que suele llamarse «círculo hermeneutico»:
el modo en que yo me entiendo a mí mismo se debe seguramente -según
quiere Hegel- a la impresión del curso de la historia, por lo que
es imposible estar «libre de prejuicios». En la medida en que
nos tropezamos con el hecho de que el hombre como ser histórico
se introduce siempre en su inteligencia de la historia, se presenta también
como el elemento nuevo que no es un objeto ni puede comprenderse objetivamente.
Por esta razón Nicolai Berdiaiev, en su |
| libro El sentido de la historia, puede presentar
el mito como una reconstrucción profunda de la vida. |
| El mito abarca una dimensión de la vida humana, que
sería inaccesible a una postura epistemológica puramente
objetiva. El que no podamos aprehender una historia exclusivamente objetiva,
tiene su fundamento no en una necesidad de mistificación, en un
anhelo de posibles trasmundos, que actuarían en una dirección
oculta. El motivo, como hemos recordado antes, hemos de encontrarlo en
que el propio sujeto está inserto en la historia y que penetrar
en la profundidad de los tiempos equivale siempre y de inmediato a penetrar
en la profundidad de sí mismo. |
| Esa es la razón de que la historia no se nos puede
dar desde fuera, sino desde dentro. El mito pretende expresar la dimensión
profunda de la historia y constituye un elemento de todas las manifestaciones
de inteligencia de la historia. No se trata de una historia inventada sino
interpretada. |
| Aparecen así, dentro del espacio de la metáfora
que estamos estudiando en este punto, varios temas que tienen que ver con
la narración: el tiempo, la experiencia, la formación, la
ficción etc. |
| Si la vida y la vida del concepto puede ser de muchas maneras,
y no algo unívoco, ¿nos lo construimos? ¿Expresamos
todo desde algún sólido fundamento? Si éste estuviera
en algún determinado lugar, lo señalaríamos siempre
en un espacio. Pero hemos dicho que tratamos de narrar lo que hemos construido
en la propia vida o lo que construimos mientras vivimos. Es lo que permite
a la narración ser inventiva: la vida se puede inventar y crear
de mil formas incluidas las formas estéticas o trágicas del
vivir. Y este punto abre la narración al campo de la hermeneutica.
Pero además la narración no tiene por qué señalar
cargas de sentido existencial o propuestas teleológicas. |
| Se hace comprendible lo experimentado porque cumple la aceptación
del tiempo. Por eso cuesta comprender las narraciones milagrosas y cansan
las lecciones dogmáticas, porque el hombre entiende lo experimentado
de mil formas. No se le puede encorsetar. |
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| 5. El Mundo de los Simulacros |
| El tema de la metáfora con su necesidad de prospectar
«ilusión» o «simulación» tiene que
ver con la teoría del conocimiento en Nietzsche y con el verdadero
contenido de la categoría narración. Nietzsche, provocativamente,
como hemos visto más arriba, nos recuerda la gran paradoja: el engaño
y la falsificación son necesarias para la vida humana. |
| Y por esto mismo tiene que ver todo lo que llevamos dicho
con el tema del simulacro que Nietzsche nos invitó a usar y que
Deleuze estudia magníficamente al presentar el «eterno retorno»
y la «voluntad» nietzscheanos. |
| La empresa de pensar lo irracional la ha emprendido Deleuze
manteniendo así, como se ha llamado, un «pensamiento nómada».
Al mismo tiempo, la reflexión de Deleuze ofrece un lenguaje y unas
ocurrencias en este mismo campo de la narración que habrá
que recibir con cuidado. |
| En el prefacio a su libro Diferencia y repetición
que fue su tesis doctoral, Deleuze esboza su proyecto: «queremos
pensar la diferencia misma, y la relación de lo diferente con lo
diferente, independientemente de las formas de representación que
la conducen a lo mismo y la hacen pasar por lo negativo.» (22) El
mundo moderno es para Deleuze el mundo de los simulacros. |
| Foucault, que ha leido este texto con detenimiento, afirma
que se necesita un pensamiento afirmativo que diga sí a la diveregencia
y a la multiplicidad y cuyo instrumento sea la disyunción. Se trata
de un pensamiento que oponga multiplicidad a unidad, heterogeneidad y dispersión
a homogenización y totalización unificadoras En el teatro
de la representación filosófica, para Platón el modelo
es lo Mismo y la copia lo semejante. El mundo de la representación
es entonces el mundo de la identidad, de lo Mismo. Es un mundo en el que
imágenes y semejanzas se someten a la identidad pura del modelo
del original. |
| Deleuze presenta la voluntad nietzscheana de «inversión
del platonismo», que es disolución del mundo de la representación
y liquidación del principio de identidad. Se restituye el simulacro
que había sido relegado por Platón a la condición
de copia degradada. En esta tarea de «inversión del platonismo»,
que para Deleuze es la tarea de la filosofía moderna, se encuentra
en compañía de Nietzsche y de los amigos de Nietzsche: Maurice
Blanchot, Pierre Klossowski, Michel Foucault, y Gilles Deleuze. |
| La «inversión del platonismo» consiste
en la «restitución del simulacro», relegado por Platón
a copia degradada (iconos, semejanzas). El simulacro tiene la fuerza de
negar tanto el original como la copia, como su reproducción. |
| La «muerte de Dios» para Klossowski no es sino
la muerte de la garantía sustancial de la «identidad del yo».
Al mismo tiempo que Dios muere, el yo se disipa y se disuelve. Blanchot
contribuye a precisar las características del aforismo, en su análisis
de la escritura fragmentaria de Nietzsche. (23) Según
Deleuze, la distinción del modelo y la copia se hace para fundar
y aplicar la distición de los iconos y los simulacros. La noción
de modelo interviene no tanto para oponerla al mundo de las imágenes
en general, sino para establecer la diferencia entre ellas, para seleccionar
las buenas de las malas imágenes. Por eso, para él, todo
el platonismo se construye sobre la voluntad de rechazo al simulacro (24). |
| Para Platón el mundo
de las imágenes (eidola) no es otro que el mundo de la imitación.
Todo lo que tiene que ver con el mundo de la fabricación de imágenes,
artes plásticas, poesía, tragedia, música se refiere
a la actividad imitadora. «La mímesis es una cosa del orden
mismo de la producción, poiesis; producción de imágenes
y de ninguna manera de las mismas realidades» (Sofista, 265 b). Distingue
dos clases de imitacion a las cuales corresponden dos clases de imágenes:
la que produce copias (iconos) y la que produce simulacros (fantasmas). |
| A una la llama el «arte de las copias» (eikastikén)
y a la otra «el arte de los simulacros» (phantastikén).
El primero consiste en copiar con un máximo de fidelidad, nos dice
Platón, un modelo del cual se quieren producir tanto sus dimensiones
exactas como características idénticas de color. En cambio,
el segundo arte produce sólamente simulacros, es decir, figuras
o imágenes que aparecen distorsionadas, ya sea por la ubicación
desfavorable del espectador o por las proporciones considerables del modelo,
las cuales no pueden menos que crear ilusiones. (Sofista, 235e-236c; 264c). |
| Además, en el Sofista Platón nos habla de
pintores que utilizan trucos para engañar al espectador: existen
pintores, nos dice, que haciendo uso de su técnica, enseñan
desde lejos sus dibujos a los jóvenes para producirles la ilusión
de que están en la capacidad de crear la realidad, de la cual su
pintura no es sino una imitación de la apariencia en cuanto tal.
Por eso esta reproducción, en cuanto tal imitación de la
apariencia, no es más que un simple fantasma o simulacro (Republica
523b y 602b-d). Porque el arte del simulacro consiste en hacer aparecer
las imágenes como si fueran la realidad, en reemplazar la realidad
por imitaciones o ilusiones. Aquí encontramos la clave que permite
una distinción entre las copias-iconos y los simulacros-fantasmas. |
| Platón distingue entre dos clases de modelos: uno
que corresponde a las copias y otro a los simulacros. Las Ideas son el
modelo a partir del cual se producen las copias-iconos y éstas,
a su vez, sirven de modelo a los simulacros-fantasmas. |
| En la Republica (Libro X, 595b-597a) Platón se pregunta
por el modelo que utiliza el artesano en la fabricación de muebles.
Aclara que el artesano no construye la cama misma, en su esencia, es decir,
la cama real, aquella que es la idea misma. Para él, el artesano
«no
hace la idea, la cual es la cama misma, sino una determinada cama».
Llega a distinguir entre tres tipos de cama: la que existe en la naturaleza
fabricada por un dios, la que produce el artesano, y la que realiza el
pintor. El artesano utiliza como modelo la idea, o sea, la cama misma,
aquella fabricada por un dios, la cama esencial, la «cama única
por naturaleza». De modo que lo él produce es una imagen,
una copia al modelo original. El pintor es sólo un imitador de la
obra de los artesanos: copia una apariencia de la realidad «la apariencia
en cuanto tal» (Republica 598c). La copia es apariencia y el simulacro
es una simple imitación de esta apariencia; es pues apariencia de
la apariencia, copia de una copia, un icono infinitamente degradado, una
semejanza infinitamente disminuida, como lo anota Deleuze (25). El simulacro
participa así solamente de una semejanza de imitación respecto
a su modelo que es la copia. Pero nos preguntamos ¿por qué
destarrar al simulacro? ¿Qué intenta con ello Platón?
Nietzsche parece descubrirlo con perspicacia inigualable, según
nos lo cuenta Deleuze. Así, la exclusión del simulacro, del
sofista por ejemplo, como maestro del simulacro, tiene características
políticas, es decir, morales. Cuando se interroga sobre los presupuestos
más generales de la filosofía concluye en su carácter
esencialmente moral. La Idea del Bien, por ejemplo, existe para fundar
la supuesta afinidad del pensamiento con lo verdadero y para establecer
entre lo verdadero y lo justo un compromiso indisociable. A partir de Platón,
la práctica justa debe adecuarse a enunciados denotativos, que describen
la justicia misma, su idea o su esencia y que, por tanto son verdaderos.
Así, si la denotación del discurso describe la justicia,
es correcta, es decir, si este discurso es verdadero, la práctica
social que rige es o debe ser necesariamente justa. Y es en esto en lo
que Platón piensa cuando habla del filósofo-rey como legislador.
La realización de lo justo se encuentra pues supeditada al discurso
que dice la verdad de lo que la justicia es en sí misma, es decir,
su idea o su esencia. |
| Por esto no es posible concebir lo que es justo, al margen
de la mímesis de esta esencia o idea de justicia. En otras palabras,
no es posible concebirlo sino a partir de la verdad propia al modelo de
justicia. Lo verdadero y lo justo se encuentran así indisociablemente
ligados. |
| Y es el carácter legitimador, de selección
y exclusión que Platón asigna a la verdad lo que convierte,
de acuerdo con Nietzsche, a la voluntad de verdad en voluntad de poder,
y así comienza la «inversión del platonismo». |
| Nietzsche intenta pensar el simulacro al margen de la opción
dualista del mundo verdadero y el mundo aparente, del modelo y su reproducción,
de la identidad propia del original y la semejanza de la que participan
las copias. Logra pensar el simulacro como diferencia en una relación
inmediata de lo diferente con lo diferente, que no conlleve la repetición
eterna de la unidad, la identidad o la semejanza, es decir de lo Mismo.
Intenta |
| lograr el simulacro por fuera de la representación.
Todo esto se logra con una determinada interpretación que Deleuze
hace de las categorías nietzscheanas del «eterno retorno»
y «voluntad de poder», que compartimos plenamente. |
| La categoría narración es capaz de contar
experiencias místicas que tengan que ver con la idealidad platónica
de la Unidad, pero sobre todo está abierta, cuando aparece el género
novela, al reconocimiento del simulacro. |
| Seguimos así insistiendo en la afirmación
anterior de que la vida y la vida del concepto puede ser de muchas maneras. |
| |
| NOTAS |
| (1) Vaihinger, La voluntad
de ilusión en Nietzsche, en: «Teorema», 1980, pág.
Ý |
| (2) Ibid., pág 2.
Ý |
| (3) Ibid., pág.
15. Ý |
| (4) Ibid., pág.
16. Ý |
| (5) Ibid., pág.
16. Ý |
| (6) Ibid., pág.
18. Ý |
| (7) Ibid., pág.
28. Ý |
| (8) Ibid., págs.
33 y 34. Ý |
| (9) Citado en ibid., pág.
37. Ý |
| (10) Ibid., pág.
34. Ý |
| (11) I.Kant, Crítica
de la Razón Pura, trad. cast. P. Ribas, Madrid 1978, p. 196. Ý |
| (12) Citado por Vaihinger,
op. cit., p. 41. Ý |
| (13) Citado por Vaihinger,
op. cit., p. 54. Ý |
| (14) Ibid., pág.
54. Ý |
| (15) Ibid., pág.
54. Ý |
| (16) Ibid., pág.
54.Ý |
| (17) Cfr. M. Zambrano,
«La
reforma del entendimiento español», en: Hora de España
IX (Valencia) sept. 1937, recogido en Senderos, Barcelona, Anthropos, 1986.
Citado en: Chantal Maillard, La creación por la metáfora,
Anthropos, Barcelona 1992, pág. 155. Ý |
| (18) Turbayne, El
mito de la metáfora, F.C.E., Mexico 1974, p. 37. Ý |
| (19) Turbayne, op.
cit., p. 42. Ý |
| (20) Chantal Maillard,
La creación por la metáfora, op. cit., pág. 161. Ý |
| (21) Maurice Blanchot,
«Nietzsche
et l'écriture» en: L´entretien infini, Paris
1969. Hay versión castellana en: Nietzsche 125 años.Ý |
| (22) G. Deleuze, Différence
et répétition, Paris 1976, p. 166. Ý |
| (23) G. Deleuze,
Lógica
del sentido, Barcelona 1989, pág. 255 y ss.
Ý |
| (24) G. Deleuze,
Différence
et répétition, op. cit., pág. 311. Ý |
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