José Ricardo Morales, Arquitectónica. Sobre la idea y el sentido de la arquitectura [1966-1969]. Biblioteca Nueva, Madrid, 1999, 222 p.

Roberto Goycoolea Prado, Madrid, noviembre de 1999

 

Difícilmente pudieron imaginar los vencedores de la Guerra Civil española el alcance cultural que tendría para la Latinoamérica su intolerante actitud ante la disidencia ideológica. Mirado en su conjunto y con independencia de las tragedias personales y familiares, la expulsión masiva de políticos, artistas, intelectuales y profesionales contrarios al nuevo régimen fue un hecho venturoso para los países que los recibieron. Tanto es así, que es imposible tener un panorama completo de la evolución de la ciencia, las humanidades y el arte latinoamericano del segundo y tercer cuarto del siglo XX sin considerar las aportaciones realizadas por los exiliados republicanos. Pero, al mismo tiempo, tampoco es posible tener una imagen completa de la historia española de esta época olvidándose de lo que sus científicos, intelectuales y artistas realizaron fuera de la península. Por ello, no deja de ser preocupante (sintomático, quizás) que, exceptuando algunos casos puntuales, el fenómeno del exilio americano sea tan poco conocido (y reconocido) en España fuera de círculos académicos concretos. En el caso de la arquitectura, por ejemplo, sólo se ha difundido y estudiado en España de manera sistemática la obra de tres figuras señeras (Sert, Bonet, Candela), prestándose muy poca atención al resto los arquitectos exiliados, pese a tener obras no menos significativas. Pero si la atención por la obra construida de estos profesionales es escaso, el desconocimiento de sus aportaciones a la enseñanza y teoría de la arquitectura es mayor aún.

En este panorama, no cabe más que congratular a la editorial madrileña Biblioteca Nueva por la reciente publicación de Arquitectónica en la activa colección Metrópolis. Además de la propia significación del ensayo, con la recuperación de este texto se contribuye a una mayor comprensión de la empresa arquitectónica realizada por los españoles en Latinoamérica y se distingue la interesante aportación a la teoría y enseñanza de la arquitectura del filósofo y dramaturgo malagueño José Ricardo Morales, del que hasta ahora en España sólo se habían editado algunos ensayos y parte de su extensa obra dramática.

 

La aventura arquitectónica de José Ricardo Morales

Nacido en Málaga y licenciado en Filosofía y Letra en la Universidad de Valencia, donde llega a ser Director de Cultura de la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE) y encargado del Teatro El Búho, dirigido por Max Aub, J. R. Morales fue deportado a Chile, donde aún reside y continúa escribiendo. Su primera contribución a la vida cultural de su nuevo país fue la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, hoy Teatro Nacional, en el que dirigió, entre otras, su primera obra estrenada. Esta feliz iniciativa señala el inicio de una amplia producción dramática -más de treinta obras estrenadas y publicadas en América y Europa- y filosófica -en la que destacan los ensayos Estilo y paleografía de los documentos chilenos, Al pie de la letra (1978), Mimesis dramática (1992), Estilo, pintura y palabra (Cátedra, 1994) y sus artículos en The Malahat Review (Canadá), Modern International Dram (Estados Unidos), Revista de Occidente y Primer Acto (España)-. Reconocimientos no han faltado por estos trabajos: la editorial Anthropos le dedica los números 35 y 133 de su revista, Premio del PEN Club de Chile (1970), Premio García Lorca (1990) y Académico de la Lengua.

Su incursión en la producción teoría y la enseñanza de la arquitectura se produce desde la historiagrafía del arte y por aproximaciones sucesivas. En 1946 se ocupa del curso de tercer año de Historia del Arte de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile en 1946 y, más tarde, de los de Teoría e Historia de la Arquitectura de esa Facultad y de la Universidad Católica. Su compenetración con la profesión continuará imparable y fructífera: Director del Instituto de Teoría e Historia de la Arquitectura de la Universidad de Chile, Representante de Chile en el Congreso de Arquitectos y Técnicos de los Monumentos Históricos de la UNESCO (París 1957) y en el Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (Londres 1961), Miembro Honorario el Colegio de Arquitectos (1963). Desde estas cátedras y foros, el profesor Morales realiza una amplia y cautivante conceptualización de la arquitectura, que gracias a su formación se transforma en una mirada humanista y esclarecedora de la historia y del hacer arquitectónico.

Como todo curriculum, esta breve reseña biográfica no recoge la valía cualitativa de lo enumerado, pero permite entender el enfoque humanista y la dimensión filosófica de las reflexiones propuestas en Arquitectónica.

 

Arquitectónica o el arte de pensar la arquitectura

No es en absoluto una coincidencia que desde los grandes sistemas filosóficos griegos a las estructuradas deconstrucciones fine seculares, filosofía y arquitectura hayan estado mucho más ligadas que de lo que las actuales divisiones académicas reflejan. Frente a la escasa presencia de la especulación filosófica en las Escuelas de Arquitectura y del hacer arquitectónico en las Facultades de Filosofía, la historia del pensamiento occidental muestra una preocupación constante de los filósofos por los temas arquitectónicos y urbanos. Recuérdese, sólo para centrarnos en casos muy conocidos, que Platón y Aristóteles describen sendas ciudades ideales; Isidoro de Sevilla reserva parte de sus Etimologías a definiciones de arquitectura; Campanella, Descartes, Leibniz, Berkeley, entre otros pensadores modernos, reflexionan sobre el sentido y cualidades de la disciplina; Hegel escribe un tratado sobre estética que inicia la visión espacialista de la arquitectura; Adorno, Benjamín, Bollnow... y, en los últimos años "postmodernos" como Derrida, Deleuze, Virilo... han tenido y tienen en la ciudad y su arquitectura un asiduo objeto de atención intelectual.

Es en esta fructífera tradición de filósofos que meditan sobre el ser y el hacer de la arquitectura, donde se encuadran las reflexiones recogidas en el libro de J. R. Morales. Para él, la base de la relación entre estas dos disciplinas con objetos de estudios opuestos -la filosofía tiene su razón de ser en el estudio de la sophia, de las entidades mentales inmateriales y abstractas; en cambio la arquitectura detenta en la tectónica, en la construcción material de objetos concretos, el fundamento de su quehacer- se encuentra en la Arquitectónica. Término de origen griego utilizado por Aristóteles (Ética Nicomana, I, 1) para referirse al "arte de construir", a la capacidad de subordinar los medios al fin y el fin menos importante al más importante. En este sentido, aunque con "materiales" distintos, filósofos y arquitectos tendrían en común un "hacer" Arquitectónico, un pensamiento constructivo y operativo. Esta preocupación estructural explicaría el constante interés de los filósofos por la arquitectura y de los arquitectos por encontrar en la filosofía una fundamentación a su quehacer.

Ahora bien, si lo arquitectónico -tanto en la arquitectura como en la filosofía- supone principalmente un hacer, "su auténtica comprensión requiere establecer previamente cuáles fueron las condiciones de semejantes acciones especializadas". No se refiere con ello el autor a las determinaciones geográficas, técnicas o económicas de las obras, sino a sus condiciones en cuanto hacer humano. El ser humano, "no la suma de obras hechas", es el fundamento del ser y el hacer arquitectónico, porque "el hombre, que debe crear un orden arquitectónico para establecer y entender el mundo, se ordena, a su vez, en ello". La definición del proceso creador de orden constituiría la preocupación ontológica común al filósofo y al arquitecto. Preocupación que en Arquitectónica se resume en una pregunta, que de explícita parece obvia, pero que incluso la aproximación a ella -y no digamos su respuesta- entraña inadvertidas dificultades intelectuales: "¿Qué hace el hombre al hacer arquitectura y qué hace del hombre la arquitectura?". Para intentar responder a esta pregunta, Arquitectónica se divide en tres secciones claramente diferenciadas.

La primera sección del libro recoge las comunicaciones transmitidas a los alumnos del curso Filosofía de la historia del arte de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile entre 1946 y 1960. Es un resumen y análisis crítico de las Tendencias de la historia del arte y la arquitectura dominantes en Occidente desde el siglo XVIII hasta la formulación de las ontologías regionales a fines del siglo XIX y comienzo de nuestro siglo. Mediante una exposición concisa de las aportaciones y limitaciones de estas tendencias, se muestra que la visión positivista de la naturaleza y el arte, sumado al intento de universalizar sus conclusiones llevó a una "cosificación" de las obras artísticas, "aceptándolas tan sólo en la medida en que sirven a la intemporal noción de estilo expuesta por categorías", y a olvidarse que el hacer de la arquitectura es algo ligado substancialmente a las epistemologías que sustentan las maneras particulares de entenderlo en los diferentes períodos históricos.

El segundo apartado, dedicado a la Teoría y Teorías de la arquitectura, transcribe un ciclo de conferencias impartido en el Colegio de Arquitectos de Chile en 1960. Comienza analizando el concepto de teoría y su papel fundamental en la comprensión de la arquitectura: "El todo de la arquitectura no debe entenderse por la suma de las posiciones interpretativas existentes, sino que tiene que fundamentarse a partir de ciertas unidades de sentido, cosa radicalmente distinta de aquello que representa un conjunto de tendencias heterogéneas o inconciliables". Partiendo de estas definiciones se examinan las principales teorías de la arquitectura -forma, función, espacio-, poniendo de manifiesto tanto su razón de ser y oportunidad histórica como sus insuficiencias explicativas.

El título de la conferencia que constituye el núcleo de los temas tratados en la última sección del libro, El hombre y la idea de arquitectura, pronunciada en enero de 1962 en la Universidad de Concepción, resume con precisión su orientación y contenido. Primero se expone una lúcida disquisición sobre el espinoso tema del papel de la teoría y la crítica en la práctica de la profesión. Luego se repasa la relación existente entre arquitectura, técnica y arte. Finalmente, partiendo de la definición y la etimología de una serie de conceptos que de usados parecen obvios pero que no lo son en absoluto (habitar, hábitat, técnica, arte...), el autor nos introduce su propia teoría de la arquitectura, resumida en la consideración del hombre como un ser arquitectónico: "El hombre, que debe crear un orden arquitectónico para establecerse y entender el mundo, se ordena, a su vez, en ello. De ahí que la consideración aclaradora y situante nunca puede omitirse en las labores arquitectónicas, especialmente en las que atañen a la acción de poblar. Por ello no debe perderse de vista que en la humanización del hombre, o ser con los demás, ha de hacerse presente la hominización o plenitud del ser consigo".

Oportunidad y actualidad de Arquitectónica.

Para terminar, desearía referirme a una característica del pensamiento arquitectónico actual que contribuye a resaltar la permanencia de los conceptos recogidos en Arquitectónica. Como se ha observado en repetidas ocasiones, vivimos un momento en que la crítica y difusión de la arquitectura acentúa hasta cotas insospechadas dos fenómenos propios de la modernidad: la equiparación del objeto con su imagen y la especialización del conocimiento. Escasos son los autores que intentan hoy una síntesis que vaya más allá de la clasificación taxonómica de hechos arquitectónicos hilvanados con mayor o menor habilidad. Así, centrada en una explicación fragmentada, incompleta y, generalmente, partidista de la realidad, la teoría ha derivado en historia y la crítica en descripción de objetos aislados o en reseñas biográficas. "Nadie interpreta ya la totalidad. Nadie entiende la arquitectura como un todo", se dolía hace unos años F. J. Sáenz de Oiza.

La reedición de Arquitectónica se manifiesta así como una llamada de atención a las previsibles consecuencias teóricas y prácticas de la actual fragmentación y especialización en la reflexión disciplinar. Toda "teoría" que intenta explicar la realidad desde un aspecto específico de la arquitectura (forma, función, espacio...) conduciría, necesariamente según José Ricardo Morales, a una interpretación y un hacer "insuficiente". Por ello, intentar un entendimiento ontológico de la arquitectura no es un capricho filosófico sino un camino coherente (quizás, el único) para comprender en su totalidad la idea y el sentido de la arquitectura.

 

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