Passagen-Homenaje a Walter Benjamin

Hector Solsona Quilis.

Walter Benjamín se quitó la vida en la frontera de Porbou (Cataluña-España) el 26 de septiembre de 1940.  La  huída de la barbarie concluía, dicen, con una sobredosis de morfina. Allí en Portbou se puede contemplar el homenaje “Passagen” de Dani Karavan al pensador del aura de la obra de arte en la era de la reproducción técnica. Y más que contemplar, uno puede experimentar en dicha obra, de una sencillez apabullante, la experiencia metafísica que el pensador reclamó a la empequeñecida concepción kantiana de la experiencia físico-matemática.


 
Ilustración 1
Con una máquina digital Olympus C-350 Zoom se pueden tomar las siguientes fotografías y unos segundos escasos de video. Formas y colores reducidos a ceros y unos, pueden ser reproducidos a voluntad, copiados y pegados, e incluso ser utilizados como fondos de escritorio. No está mal, pero no pueden reproducir jamás la experiencia vivida en primera persona cuando uno desciende por ese túnel de metal, oscuro en la entrada como si fuese la puerta del infierno, escaleras abajo, hacia un final sorprendentemente azul de mar y cielo.
 

Exterior1: un muro de piedra impide el paso hacia la tierra, y una plancha de hierro forma un camino. Tal vez el muro de piedra sea como el pasado, algo a lo que no podemos acceder, oculto como la tierra siempre ocultante.
Exterior2: (fotografía editada) dando la espalda al muro de piedra se descubre la abertura oscura formada por un tubo rectangular de hierro. Se trata del tiempo futuro, oculto como el pasado, pero no impenetrable. Como la puerta del Hades, su oscuridad no deja adivinar nada.
Exterior3: rodeando la puerta de entrada se descubre la estructura exterior del pasaje como una rampa que indica el camino, intransitable para nosotros, del cielo
Exterior4: dándose la vuelta se descubre la caída hacia el abismo del mar. Es la gravedad y el vértigo.
Interior1: entrando en el pasaje, siguiendo el camino de hierro, la oscuridad deja adivinar al fondo la luz, una luz que proviene de abajo, no de arriba. La luz atrae e invita a descender por las escaleras Interior2: bajando retumban metálicamente los peldaños en medio de una oscuridad fría que angustia. Se observa que abajo la luz es la luz azul del mar, no del cielo.
Interior3: sigue el descenso, la angustia fría a medio camino de la luz deja paso a la esperanza de recuperar la luz y dejar atrás la noche oscura. Interior4: cerca de la salida, siempre descendiendo, uno siente el alivio al hallarse cerca del exterior. Pero aún estamos rodeados de frío hierro como en una tumba, descendiendo como muertos en vida.
Interior5: saliendo al exterior pero cercados por el hierro un cristal transparente que no habíamos sospechado existir detiene nuestro descenso. Grabado abajo podemos leer en catalán, español, francés e ingles lo siguiente: “Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las célebres. La construcción histórica esta consagrada a la memoria de los que no tienen nombre”. La frase lapidaria detiene nuestro descenso e impide alcanzar el mar. Penetrar en el futuro también tiene un límite transparente: el precio de las vidas sacrificadas, invisibles como el cristal y olvidadas por la historia. Interior6: Más allá del cristal observamos las rocas, el azul del mar, la espuma y los remolinos. ¿Son parte de la obra de arte?
Interior7: El paso cortado por la cita nos indica que debemos desandar los pasos y ascender. Pero este regreso de ascenso está cargado de tristeza. Contrasta ahora la visión en lo alto de un cielo azul inmóvil y una luz celestial sin matices en donde tal vez están las personas célebres…,  muy diferente del vivo azul de abajo, 

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