Nelson Goodman: Símbolo y Mundo; Arte y Ciencia.

La Pérdida de un Filósofo que me gustaba.

 

Carlos Muñoz Gutiérrez

  

Contenidos

Teoría de los Símbolos

Maneras de Hacer Mundos

Reseña Bibliográfica

 

 

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 El conocimiento consiste principalmente en disponer de un conjunto de habilidades interdependientes para poder establecer y eliminar hábitos cuando ello sea preciso. Nelson Goodman.

 

Leo en una columna de Jesús Mosterín del periódico El País del 30 de Diciembre de 1998 que el 24 de Noviembre de 1998 había muerto Nelson Goodman. Para el nivel de información sobre la filosofía contemporánea que llega a este país no parece demasiado terrible enterarme de la muerte de uno de mis filósofos favoritos con cerca de un mes de retraso. Es verdad que con los autores filosóficos no soy ni fetichista ni mitómano, pero también parece que la cultura de España se merece una mejor información sobre aquellos autores que verdaderamente han contribuido en algo a sus campos disciplinarios. Pero eso no es asunto que convenga en estas breves páginas de recuerdo a Nelson Goodman.

Goodman se doctoró en filosofía por la Universidad de Pennsylvania y de Brandeis, y desde 1968 fue la referencia obligada del departamento de Filosofía de la Universidad de

Harvard. Para alguien como él, que inició su andadura filosófica en el mundo anglosajón en el que triunfaba plenamente la filosofía analítica, denominarle padre de la escuela analítica o uno de sus máximos representantes o uno de sus mejores ejemplos no es del todo falso, pero tampoco refleja el periplo filosófico que realizó. Posiblemente la importancia de su obra, su amplitud de temas y la elegida imaginación depositada en ella hace que transcienda cualquier etiqueta. A pesar de lo cual se declaró siempre nominalista, relativista e irrealista:

El irrealismo no sostiene que todo sea irreal, o incluso que algo lo sea, pero considera que el mundo se disuelve en las versiones y que las versiones hacen mundos, proporciona una ontología evanescente y se ocupa de investigar aquello que convierte en correcta a una versión y hace que un mundo esté bien construido.

(De la mente y otras materias, Visor, Madrid, pág.57).

 Mi relativismo sostiene que hay muchas versiones-del-mundo correctas, algunas de ellas en conflicto con las demás, pero insiste en la distinción entre versiones correctas e incorrectas. El nominalismo, dejando completamente abierta la cuestión de la elección de su fundamento, impone una restricción sobre cómo se puede construir una versión correcta a partir de un fundamento. Una versión correcta debe estar bien hecha y para el nominalismo eso requiere la construcción de todas las entidades como individuos.

(De la mente y otras materias, Visor, Madrid, pág.91).

 Como nominalista -no olvidemos los esfuerzos realizados con Quine para definir los conceptos teóricos desde una posición nominalista-, Goodman encaja bien en los intentos reduccionistas del positivismo lógico. Pero su relativismo y su irrealismo le ocasionaron fuertes críticas, no sólo por heterodoxo, sino por inconsecuente. Pero, como Quine, su análisis científico de la percepción, de los qualia, de los sense data o como queremos llamarlo, le llevó a considerar la realidad, los hechos, como un artificio originado por símbolos.

Desde este descubrimiento Goodman se unirá a la disidencia de los dogmas del empirismo con Quine, o al mito de lo dado de Sellars. Pero a diferencia de toda la corriente analítica, que iniciará una andadura terapéutica -a partir de una lectura estandarizada de la obra de Wittgenstein- en busca de un hábito de usar el lenguaje que no nos condujera a los equívocos que han consolidado la especulación filosófica, Goodman afrontó una posición constructiva, desde el convencimiento de que todos los hábitos que constituyen el conocimiento aportan, dependiendo de las personas y de los momentos de la vida, una riqueza y unos recursos que no hay porqué reducir sino compaginar y comprender, pues -y ese creo que fue la principal aportación de la obra de Goodman- puede buscarse un hilo fino que anuda, en su complejidad, todos los ámbitos de experiencia humana.

Efectivamente, creo que la obra de Goodman está por descubrir, en su importancia y en su contenido, principalmente dentro del contexto de la filosofía. Y espero que el tiempo le califique, más allá de la pura anécdota, en unos de los proyectos filosóficos más importantes del siglo XX. Bien es cierto que su obra y su estilo no han ayudado aún a ello, pero la recepción actual de su trabajo, fundamentalmente entre hermeneutas franceses y psicólogos que han de revolucionar su disciplina, dará un nuevo impulso a la desorientada filosofía contemporánea, especialmente la anglosajona.

Pero, ¿cuál es ese proyecto filosófico? Ciertamente, para los conocedores de la obra de Goodman, puede parecer un tanto extraño que hable con tanta rotundidad de un proyecto deliberado e intencional. Apelaré entonces a las propias palabras de Goodman para defender esta idea. En la Introducción a los Lenguajes del Arte, Goodman parece preocupado por la posible recepción de su trabajo, y declara que existe una estructura intrincada que conforma un objetivo, a saber, una aproximación a una teoría general de los símbolos. Después aclara su intención:

Una búsqueda sistemática de las variedades y funciones de los símbolos apenas sí se ha llevado a cabo. Una investigación creciente en la lingüística estructural de estos últimos años precisa ser completada e integrada con un examen intensivo de los sistemas simbólicos averbales, desde la representación pictórica hasta la notación musical -si realmente queremos llegar a captar comprensivamente los modos y medios de referencia, y su empleo variado y penetrante en las operaciones del entendimiento.

(Los Lenguajes del Arte. Seix Barral, Barcelona, 1976, pág. 15)

La comprensión final de su proyecto, que culmina en sus Maneras de hacer mundos, proviene cuando Goodman declara su relativismo ante la aceptación de incontables versiones alternativas del mundo y cuando unifica todos los ámbitos de la experiencia humana en la construcción de mundos, pues los mundos se construyen elaborando versiones por medio de símbolos.

Símbolo, versión y mundo, considerándolos en toda su amplitud y complejidad, analizándolos con la máxima imaginación, se van a convertir en los conceptos fundamentales para una comprensión de la realidad humana que equilibra arte y ciencia, tecnología y práxis. Pero lo más importante es darse cuenta de las consecuencias de este equilibrio, y, creo, esto es el trabajo que nos lega Goodman.

En este momento de desorientación, donde la ciencia mantiene la credibilidad teórica pero la tecnología le ha arrebatado el poder, donde el arte ha quedado reducido a un mero placer de desocupados, donde la virtualidad de nuestras construcciones nos han relegado a la desaparición. Comprender y reivindicar que el relativismo de una ontología evanescente y el irrealismo que nos fuerza a producir construcciones simbólicas que nos acojan, permitirá replantear el conocimiento y su teoría en términos radicalmente nuevos y -espero- mejores.

 

Teoría de los Símbolos

En los Lenguajes del Arte, aunque Goodman declara recoger los aportes que hicieron teóricos como Peirce, Cassirer, Morris o Langer, sus posturas finales resultan especialmente renovadoras por cuanto el punto de partida resulta tener una intención muy distinta a la que los semiológos anteriores habían tenido. En su tesis de que el mundo resulta ser una construcción simbólica y en su aceptación de innumerables versiones correctas del mundo, Goodman va analizar los símbolos en función del uso cognitivo que hacemos de ellos.

Así establece una distinción entre símbolos densos y articulados, sin privilegiar ninguno de los dos grupos a la hora de obtener versiones del mundo, al contrario cada tipo de símbolo va a determinar una construcción simbólica.

Según Goodman, los símbolos articulados son aquellos que pueden copiarse o reproducirse sin alterar su relación representativa, no son sensibles al tipo de impresión, color, tamaño, etc. Son los propios de lo que denomina artes alográficas, el tipo de símbolo que podemos denominar convencionales. Por el contrario los símbolos densos son incopiables, cualquier intento de reproducción ha de alterar la relación representativa o simbólica y son los que usan las artes autográficas como la pintura.

Goodman introduce esta distinción dentro del marco de su teoría de la referencia. La posición ideal de un sistema simbólico referencial, según Goodman, es que los elementos que componen este sistema sean diferenciables entre sí y que mantenga relaciones denotativas con el mundo representado, configurado por componentes disjuntos. Cuando este criterio ideal no ocurre, el sistema de símbolos pierde su capacidad de referir componencial y exactamente, aunque pueda hacerlo holística y generalmente.

Los sistemas de símbolos articulados satisfacen este criterio y en consecuencia pueden articularse en las dimensiones sintáctica y semántica que conocemos en nuestros lenguajes naturales. Por el contrario, los sistemas de símbolos densos no permiten aplicaciones de este tipo a su mundo referencial, no pueden articularse y en consecuencia la posibilidad de compartir estos sistemas disminuye notablemente.

A Partir de esta distinción intenta construir una teoría de la denotación generalizada, que era para Goodman un punto crucial en el análisis de los símbolos. No olvidemos que su posición extensionalista y nominalista le llevó a reducir toda operación simbólica al marco de la función de referencia. O Como expresaba Goodman, work y world se corresponden.

Su primer análisis le lleva a investigar la aplicación literal de un símbolo que resuelve dividiéndola en dos formas diferentes de creación de referencia:

 

(1) Por Denotación: Que es un movimiento que va de los símbolos a la cosa y que consiste fundamentalmente en colocar etiquetas sobre ocurrencias. Así, por denotación los símbolos no-verbales representan la realidad en el arte, mientras que los símbolos verbales describen la realidad. La extensión lógica de esta denotación puede ser múltiple, singular e incluso nula para referentes inexistentes. Y, en general, su campo de aplicación son los objetos y los acontecimientos.

(2) Por Ejemplificación: Que es el movimiento inverso, de la cosa al símbolo, y consiste en designar una significación como lo que posee una cosa. Ejemplificar es ser denotado, poseer lo significado en la etiqueta, es decir, ser una muestra, para el caso de los símbolos no-verbales y de los verbales, aunque éstos también funcionan como predicados ejemplificados. Un signo verbal es denotado por lo que ejemplifica.

Ahora bien, esta segunda forma de referencia es la que permite pasar de la aplicación literal a la aplicación metafórica de un símbolo. Y ello se produce por la transferencia de la posesión.

A partir de aquí, Goodman elabora una interesante teoría sobre la metáfora, iniciando con ello una reflexión sobre la metáfora como elemento cognitivo fundamental del que nos servimos para construir versiones del mundo. Trabajo que encontrará excelentes continuadores en la actualidad como Lakoff, Johnson, Fauconnier, etc.

La Metáfora es una transferencia que afecta a la posesión de los predicados por algo singular, más que a la aplicación de esos predicados a algo. La metáfora entonces es el resultado del funcionamiento invertido de la referencia al que se le añade una operación de transferencia. De tal manera, por ejemplo, a Aquiles se le transfiere ciertas notas o propiedades que posee el león convirtiéndose así en ejemplo o mejor en figura de la valentía, la fuerza, etc. La figura es un uso predicativo en una denotación invertida.

Este esquema trazado por Goodman para la referencia por la ejemplificación que convierte los enunciados metafóricos en figuras puede generalizarse para abarcar toda una estructura tropológica que funciona en el lenguaje. Basta con percibir que la metáfora comprende también al esquema -conjunto de etiquetas que se correlacionan con un reino, conjunto de objetos-.

La metáfora despliega entonces el poder de reorganizar la visión de las cosas, de aportar nuevas referencias al presentar nuevos significados, cuando es un reino entero el que se transpone. Un ejemplo típico es la transposición de los sonidos en el orden visual o el de los colores en el de los sentimientos.

Luego, atendiendo a la noción de esquema o reino, podemos clasificar las transferencias de un reino a otro según se produzcan y obtener una generalización teórica de las figuras o tropos. Así podemos distinguir, sin ser exhaustivos, tres grupos:

I.- Transferencias de un reino a otro sin intersección.

De Persona a Cosa: Personificación.

De Todo a la Parte: La Sinécdoque.

De la Cosa a La Propiedad: La Antonomasia.

II.- Transferencias de un reino a otro con intersección.

El desplazamiento hacia lo alto: La Hipérbole.

El desplazamiento hacia lo bajo: La Lítote.

III.- Transferencias sin cambio de extensión.

La Inversión en la Ironía.

 

Maneras de Hacer Mundos

 

En Maneras de Hacer Mundos o en De la Mente y Otras Materias, Goodman va a obtener las consecuencias filosóficas de su teoría de la denotación generalizada. Consecuencias que en primer lugar presuponen sus principios nominalistas -digamos de su pasado positivista-, pero también adquieren ese rasgo constructivista que le llevará al irrealismo tal y como el se autodefinía.

"Innumerables mundos, creados de la nada mediante el uso de símbolos", así resume Goodman la obra de Cassirer y así inicia su Maneras de Hacer Mundos. Nos hallamos confinados a las formas de descripción que empleamos cuando nos referimos a aquello que describimos, y podríamos decir que nuestro universo consiste en mayor o menor grado en esas formas de descripción más que en un único mundo o en varios mundos. Versiones o Mundos, pues el mundo se disuelve en las versiones y las versiones hacen mundos.

Los mundos pueden construirse de muchas maneras, en general la construcción de mundos parte siempre de mundos preexistentes de manera que más que hacer es, entonces, rehacer. Entre las maneras de rehacer mundos Goodman cita las siguientes:

Por Composición y descomposición

Por Ponderación

Por Ordenación

Por supresión y complementación

Por Deformación.

Pero, tal y como Goodman entiende el trabajo filosófico, no todo vale. De siempre Goodman ha distinguido entre versiones verdaderas y versiones falsas. Sólo las versiones verdaderas construyen mundos. Pero, ¿cuál es el criterio por medio del cual podemos distinguir entre versiones verdaderas y falsas? Cuando se pierde el mundo y toda correspondencia con él, la primera tentación es establecer la coherencia como criterio. Pero Goodman es más exigente, su criterio parte de la validez de la inferencia inductiva, en la que incluye además de la coherencia formal entre las oraciones, una correcta categorización. Esta apreciación es de sumo interés y devuelve el argumento goodmaniano a sus inicios.

¿Qué es lo que hace que sea correcta una categoría? Su adopción por parte de la práctica inductiva, su firme aceptación, como resultado de la inercia modificada por la invención. Es decir, la aceptabilidad que implica la validez inductiva, que implica una correcta categorización, que suele atrincherarse (entrench), pero también liberarse mediante la invención. Y aún tendremos que apelar a la costumbre como componente constitutivo de la verdad.

Los realistas que aceptan un mundo dado de una vez por todas ya estarán frunciendo el ceño, pero no olvidemos que si hacemos mundos, el significado de la verdad no reside en los mundos sino en nosotros mismos, en las versiones de los mundos y en lo que hacemos con ellas.

La propuesta goodmaniana es, en definitiva, no discutir enormes problemas metafísicos sino "hágalo a su manera; lo mismo da" o en el inteligente juego de palabras de Maneras de hacer mundos. "Never mind mind, essence is not essential, and matter doesn´t matter" (no se preocupe de la mente, la esencia no es esencial y la materia no importa).

Lo que le ha importado a Goodman han sido nuestras maneras de trabajar, los instrumentos que empleamos y sobre todo los fascinantes y variados resultados que obtenemos. Hay muchas rutas de la referencia y no son solamente elementos decorativos, sino parte esencial de la filosofía y de los mundos que hemos hecho.

Esta es la enseñanza goodmaniana con la que quiero concluir. Tenemos habilidades para crear y renovar nuestros hábitos, para categorizar y recategorizar los elementos del mundo, dejémonos de someternos a la verdad y construyamos cada vez mejores versiones que creen mejores mundos.

Para Nelson Goodman, un filósofo que me gustaba.

Reseña Bibliográfica

The Structure of Appearance, tercera edición (1977) D. Reidel Publishing Co. (primera edición, 1951).

Fact, Fiction, and Forecast, cuarta edición (1983) Harvard University Press (primera edición, 1954).

Languages of Art, segunda edición, tercera reimpresión (1976) Hackett Puhlishing Co. (primera edición, 1968). Versión española Los Lenguaje del Arte, Seix Barral, Barcelona, 1976

Problems and Projects, Hackett Puhlishing Co., 1972.

Ways of Worldmakin, segunda reimpresión (1981) Hackett Publishing Co. (primera edición, 1978). Versión española Maneras de hacer Mundos. Visor, Madrid, 1990.

Of Mind and Other Matters, Harvard University Press, 1984. Versión española De la Mente y otras Materias, Visor, Madrid, 1995.

  

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