DE LA REVOLUCIÓN ARMADA A LA REVOLUCIÓN MEDIOLÓGICA

Regis Debray, Transmitir, Ed. Manantial, 1997.
 
 

David Alberto Fuks


Escribió: "Hoy, en América latina una línea política que no pueda expresarse en el plano de sus efectos en una línea militar coherente y precisa, no puede ser tenida por revolucionaria". El texto, publicado en 1968, pertenece a los Ensayos Latinoamericanos de Revolución en la revolución y fue escrito por Regis Debray. Desde entonces aún no ha cesado de calcularse cuál y cuánta agua ha pasado bajo el puente de la historia, una historia que, entonces y en cierto modo hoy también, Debray concebía avanzando enmascarada.

Quizás sus lectores actuales ignoran que hace treinta años su El castrismo; la larga marcha de América Latina era contrabandeado desde la Montevideo democrática donde había sido publicado en 1967. Hoy, para Debray, las revoluciones son algo que no necesitan exportarse clandestinamente... si de revoluciones mediológicas del poder se trata, claro está.

Es que Debray reingresa en los '70 a la producción intelectual por una vía muy distinta y contribuye a cimentar el campo mediológico. En este joven terreno sin duda él es su referente máximo: Curso de mediología general(1991), Vida y Muerte de la imagen. Una historia de la mirada en Occidente (1992), Manifiestos mediológicos (1994) son algunas muestras de su camino de especialización. En 1995 Ed. Manantial había publicado en castellano El Estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder.

Hay que decir que a la hora de pensar el estatuto epistemológico ("construir un objeto consistente a partir de meros desechos") del campo (también habla de perspectiva y de enfoque) mediológico , Debray es deliberadamente prudente e inmediatamente se aparta de toda pretensión "científica" invitando al "destabicamiento de los campos teóricos establecidos ".

Debray comienza Transmitir con estas inquietantes preguntas (luego seguirán muchas otras), que le van a servir para despegar, para inaugurar un texto que es esencialmente didáctico respecto de la disciplina mediológica en general y de la transmisión cultural (Cultura = "terrible mayúscula, asfixiante madrastra") en particular: "Cómo, mediante que estrategias y bajo qué restricciones se transmite la humanidad las creencias, valores y doctrinas que va produciendo con el paso de las épocas? ¿Y qué oculta de esencial esta operación engañosamente anodina? ".Y más adelante, con despliegue de humor: "¿Se pesca uno el catolicismo o el lacanismo como la gripe o la hepatitis virósica?".

Al diferenciar entre "transmitir" y "comunicar" el autor nos convoca a construir la siguiente tabla:
 
 

Comunicar:

Transmitir:

hacer conocer, hacer saber.

tanto bienes como ideas (capital,poder)

Lo inmaterial, los códigos, el lenguaje

carga, misión, obligación: cultura

Transporte en el espacio

transporte en el tiempo

Puntual o sincronizadora

diacrónica y móvil

acorta

alarga

lo precario, instantáneo y transitorio

desbarata lo efímero

valora el desecho y el flujo

descendencia y patrimonio

perdurar es accidental

perdurar es crucial

hay máquinas de comunicar

no hay máquinas de transmitir

un periodista comunica

un profesor transmite

 
 
 

Bien dice Héctor Schmucler en Memoria de la Comunicación que "Entre memoria y comunicación existe una relación inquietante: se excluyen y se necesitan al mismo tiempo. La idea de la comunicación generalizada en nuestros días evoca la instantaneidad, la simultaneidad y, en el límite, el no tiempo".

"Ir rápidamente para olvidar rápidamente", afirma Lyotard en Lo Inhumano. Un proceso de transmisión incluye necesariamente hechos de comunicación; lo inverso puede no producirse. El mediólogo sería el tonto meticuloso del proverbio chino que dice: "Cuando el sabio apunta a la luna el tonto mira el dedo" en el sentido de orientar su mirada hacia el modo en que se direcciona y/o disfraza la información.

Debray se dedica ampliamente a investigar aspectos del surgimiento y consolidación del medium, de la transmisión cristiana descalificando y poniendo de cabeza la noción de pensamiento, palabra o mensaje fundante. Así, fueron la comunidad e institución cristiana las que produjeron la sacralidad de los textos reinventados que legitimaría su constitución, del mismo modo que los discípulos de Platón colectivizaron la Academia como paso necesario para instaurar la transmisión del pensamiento platónico, que, de otro modo, lejos habría estado de ser considerado "fundante" para la filosofía.

Si la investigación del proceso de transmisión implica un desencantamiento no podemos sino emparentar a este enfoque con aquellas polémicas sesentistas alrededor de ideología y alienación, por un lado, y con las más actuales que investigan la producción de la subjetividad en tanto que ella es producida por instancias individuales, colectivas e institucionales. Por ejemplo Deleuze y Guattari relacionaron el poder de la Iglesia con cierta administración del pecado: flujo molecular de pecabilidad como se puede hablar de flujo de criminalidad.

Transmitir es un trabajo que se apoya en fuertes referencias filosóficas y no tan sólo sociológicas lo que le brinda un colorido inusual entre los textos del campo de la "comunicación social". Finalmente hay que decir que el hecho que aquí se haga la "presentación en sociedad" de esta nueva perspectiva no le ha implicado a Debray renunciar a la complejidad y el espesor de un texto que no ha hecho concesiones a la divulgación demagógica tan típica de los autoconsagrados maestros de la era de Acuario.
 
 
 
 

UN CRÍTICO ESPECIALISTA DE LA VELOCIDAD

Paul Virilio, El arte del motor. Aceleración y realidad virtual. Ed. Manantial, Buenos Aires. 1996.

David Alberto Fuks
 
 

De profesión urbanista, Paul Virilio es en realidad un pensador inclasificable autor de numerosos trabajos tales como El horizonte negativo, El espacio crítico, La máquina de visión, Estética de la desaparición, Defensa popular y luchas ecológicas, Velocidad y política, etc..

Miembro del equipo Any que no hace mucho organizara en Buenos Aires el encuentro internacional de pensadores Any Body, permanente colaborador de la revista Chimères otrora dirigida por Gilles Deleuze y Félix Guattari, Virilio ha trascendido por sus teorizaciones sobre la velocidad como elemento constitutivo de nuestra época, abrevando en las fuentes clásicas y contemporáneas de la filosofía. Aún en vida de los autores del Anti-edipo, Virilio animaba las polifónicas tertulias políticas de los intelectuales que se reunían en el departamento de Félix en la rue Saint Saveur a pensar y a hacer sobre la ciudad.

De entre sus conceptos más creativos recordamos el de contaminación dromosférica (de dromos, curso, trayecto), como fenómeno desapercibido de polución de la superficie que alcanza al espacio-tiempo de nuestro planeta. Es que el ambiente geofísico es descalificado en su profundidad de campo por los diversos medios de transporte y comunicación instantáneos vulnerando así las relaciones del hombre con el entorno.

El arte del motor forma parte de una serie temática que parece tan inagotable como las innovaciones tecnológicas, como si Virilio se hubiese propuesto una historia de la velocidad del mismo modo que Foucault lo intentó con la sexualidad. Esta asociación no es caprichosa, de hecho Virilio reconoce a Foucault como uno de sus interlocutores pero es arriesgado soldar a nuestro autor a cualquier disciplina.

Uno de sus capítulos (El efecto de empequeñecimiento) ilustra acerca de los golpes de estado informacionales de una prensa telecrática-estrechamente ligada a los medios financieros y diplomáticos -obsesionada por la aceleración y apoyada en un público cada vez mas apurado y numeroso, arremetiendo contra el estado de derecho desde el siglo XVIII hasta la actualidad.

Particularmente interesante es el acento que Virilio coloca en las metáforas militares de la prensa en la que la información se impone a la realidad del acontecimiento: almas torpedeadas, batallas contra la censura, campaña contra el empréstito, guerra contra tal o cual cosa, camuflajes y trucos varios, estados mayores de los consejos de redacción, condecoraciones tales como el premio Pulitzer, etc.

No hay dudas que este libro va a circular velozmente en los ámbitos de las ciencias de la comunicación transmitiendo las reflexiones éticas de Virilio por el "sometimiento discreto del ser a las máquinas inteligentes". Algunas de ellas hacen a su perturbación por el rechazo al prójimo (y lo próximo), es decir por la desaparición y ausencia de la gente real debido a la proliferación anárquica de los instrumentos de comunicación (verdaderas prótesis) que hacen que la velocidad sea la información misma cuando la información tiene sólo valor por la rapidez de su difusión. Aceleración que borra las diferencias y confunde tanto el aquí y el allá como el presente y el futuro o lo real y lo irreal. "Si el mundo se cierra sobre sí mismo y, según Merleau-Ponty, se convierte en un mundo terminado, la necesidad de su superación resulta evidente", dice Virilio mientras la emprende contra el nuevo imperialismo del pensamiento instrumental que con las nuevas tecnologías de realidad virtual está invitando al descubrimiento de un universo de sustitución surgido del big-bang de la energía de la información.

"Mañana, si no tenemos cuidado, sentiremos nostalgia no sólo de la historia y de su geografía, sino también añoranza por el espacio y los tiempos perdidos", escribe Virilio como advertencia a un mundo -no todo el mundo- que quizás, sin saberlo, ya accedió al siglo XXI a un costo demasiado alto.
 
 


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