Detalle del cuadro "A Moonlit Serenade" de Franz Schams (1823-1883).
 

Tanto en Grecia como en Roma era normal que los enamorados rondaran a partir del atarceder a sus amadas frente a las puertas de sus casas para conseguir sus favores amorosos. Este tradicional galanteo incluía a veces una serenata de amor cantada por el enamorado ante las puertas cerradas. Una escena típica venía a ser como sigue: un joven enamorado, algo bebido y coronado con una guirnalda de flores, acompañado por uno o dos amigos, se acercaba a la casa de su amada armando cierto bullicio por las calles. Llegado él y sus amigos a la puerta cerrada de la amada, tenuemente iluminada por las antorchas que portaban, el enamorado, cuando no toda la comitiva, entonaba una canción de amor popular, dirigida a la amada o a la puerta misma para que le admitiera. Al final, el pretendiente colgaba la guirnalda en la puerta, que, al no abrirse, daba pábulo al frustrado cortejo para armar un pequeño alboroto público.

Esta demostración de amor callejera ha pervivido con las oportunas diferencias tanto en Italia, con la serenata, y el España con la tuna.

El asunto principal de estas rondas de amor era el lamento del amante excluido (exclusus amator) a las puertas de la casa de la amada y en su queja solía aducir los mismos argumentos, que constituyen los motivos del tópico. He aquí los más relevantes:

  1. Súplica al portero para que sea condescendiente.
  2. Hablarle a la puerta personificada.
  3. Amenazas de abatir la puerta.
  4. Ataques a la puerta.
  5. El amante duerme a la interperie como prueba de amor
  6. El amante se siente como un soldado de amor (militia amoris) ante una fortaleza.
  7. El amante llora desconsoladamente llegando a mojar el umbral.
  8. El amante se tumba en el duro granito del umbral.
  9. El amante soporta los fríos y rigores climáticos por amor.
  10. Amor le impide ver los peligros de la noche.
  11. El amante dirige poemas a la puerta.
  12. Regalo de la guirnalda o corona como testigo de amor a la amada.
  13. Despedida maldiciendo la insensibilidad del portero y de la puerta.