Detalle del cuadro "Las tres edades de la mujer y la muerte" de Hans Baldung (ca. 1484-1545).
 

De muchos modos se han cantado alabanzas de juventud. Y muchos de esos modos han caído bajo los márgenes del tópico. El conocido, y a veces malinterpretado, carpe diem (1) urge a no dejar que el tiempo pase por uno sin haber gozado las mieles de juventud. Otro tanto podemos decir del collige, virgo, rosas (2), tópico que impele a las jóvenes a servirse de su lozanía antes de que sea demasiado tarde. La misma premura sugiere el fugit irreparabile tempus (3), que nos recuerda que el tiempo no puede detenerse de ningún modo. En cambio, el nada embozado memento mori, de origen cristiano y del gusto del Medievo, aun poniendo el dedo en la llaga al mentar la muerte (¿y no es acaso ella quien nos recuerda la brevedad de la vida y lo importante de vivirla con intensidad?), no invita al goce, sino más bien lo contrario: evoca la vacuidad de los placeres y el poder igualitario de la muerte (4).

Más sobre la vejez y la muerte, retomando la mentalidad pagana, en tópicos como el tempus edax rerum (5), el quotidie morimur o el et in Arcadia ego.

Alabanza de juventud conduce a denuesto de vejez. En Mimnermo oímos el deseo de morir antes de envejecer. La gracia de la vida radica en la juventud, la edad de la belleza y las pasiones. Pero aquel rechazo a la vejez en la poesía antigua, y en la literatura posterior, no debiera resultarnos ajeno hoy. Maldecir de la vejez puede resultar actualmente poco correcto, pero no hay más que asomarse a la publicidad para ver cómo se nos vende entre falacias la idea de eterna juventud. El poeta antiguo es profundamente tajante y honesto en este sentido: no encuentra nada digno de alabanza en el deterioro físico y mental de las facultades que la vejez entraña.

Notas
1. El nombre del tópico remite al poema XI de Horacio, del libro I de sus Odas.
2. En De rosis nascentibus, v. 49. Poema atribuido a Ausonio o a Virgilio (figura en Appendix Vergiliana). Su traducción literal es "recoge, chicas, las rosas", en el sentido de aprovechar los dones de la juventud, antes de que ésta se marchite tan pronto como las rosas.
3. Virgilio, en el libro III de las Geórgicas, v. 284. El tempus fugit, marchamo de relojes, recuerda la fugacidad de la vida. Virgilio lo había empleado como transición entre dos pasajes de las Geórgicas para indicar que no puede detenerse más en el asunto tratado hasta el momento: cómo en virtud del amor las hembras atraen irresistiblemente a los machos, privándoles de su energía, haciendo que pierdan el seso por alcanzarlas.
4. Ya en Horacio (Odas I, IV, 13) se leía: pallida mors aequo pulsat pede […]. En la Edad Media recuérdense las Danzas Macabras, en las que la muerte invita a bailar a los distintos órdenes de la sociedad. La muerte, la gran censora, no sólo pone fin al poder y la gloria y las ambiciones y vicios morales, sino que enjuicia los actos humanos y los condena.
5. Ovidio, Metamorfosis XV, 234 y ss.: Tempus edax rerum, tuque, invidiosa vetustas, / omnia destruitis vitiataque dentibus aevi / paulatim lenta consumitis omnia morte. Es decir: “Oh tiempo devorador de cosas y tú, odiosa vejez, todo lo destruís y, corroído por los dientes de la edad, poco a poco todo lo consumís con lenta muerte”. Y en los versos inmediatamente anteriores (228-233) se hacía retrato de vejez: Subruit haec aevi demoliturque prioris / robora, fletque Milon senior, cum spectat inanes / illos, qui fuerant solidorum mole tororum / Herculeis similes, fluidos pendere lacertos. / Flet quoque, ut in speculo rugas adspexit aniles, / Tyndaris et secum, cur sit bis rapta, requirit. Es decir: “Ésta [la vejez] socaba y demuele el vigor de la edad anterior, y llora el viejo Milón contemplando cómo cuelgan inertes y flácidos aquellos brazos que habían sido por la masa de sus músculos similares a los de Hércules. Llora también la hija de Tíndaro [Helena] cuando ve en el espejo sus arrugas seniles y se pregunta por qué fue raptada dos veces”.