Detalle del Canopo de la Villa Adriana (foto de Michael Hollander).
 

Podríamos etiquetar el tópico del epigrama de varias maneras sin que ninguna fuera la perfecta. Expone, sin duda, un ideal de vida epicúreo y, en este sentido, bastante moderno, pues la escuela de Epicuro se adelantó unos siglos a su tiempo. No sólo defendió, en el campo científico, una configuración atómica de la realidad, sino también, en el ámbito de la ética, la búsqueda del placer mesurado como medio natural para alcanzar la felicidad. Y a esta conclusión, hemos llegado la sociedad occidental después de numerosos y desagradables avatares. Harina de otro costal es que, como siempre, llevados de la ambición nos dejemos embaucar por los excesos. Pero, volviendo al inicio, nuestro epigrama apela claramente a la aurea mediocritas, esto es, a llevar una existencia rodeada de lo suficiente, sin que sea óbice para darse de cuando en cuando algún capricho que venga a ser como un ribete dorado. Pero es, ante todo, una definición muy concreta de la felicidad, de ahí que podamos rotularlo también de vita beata. Este era el título de un tratado de Séneca el Filósofo en el que exponía las claves para ser feliz desde planteamientos estoicos y epicúreos.

Los motivos en tema tan universal y humano como la esencia de la felicidad son amplios. Lo son además porque fue una preocupación constante de los filósofos antiguos. Pero, como venimos sugiriendo, casi todos los formularon con visionaria precisión los epicúreos. Estos serían los más relevantes:

  1. Mens sana in corpore sano, según la expresión del satírico Juvenal (VI 347-48).
  2. La serenidad del ánimo y el sueño tranquilo.
  3. Ausencia de afanes que perturben.
  4. El cultivo de la amistad.
  5. La autarquía o la capacidad de valerse por sí mismo y vivir con pocos medios materiales. Este motivo está espléndidamente recogido en el lema omnia mea mecum porto ("llevo todas mis cosas conmigo"), de Bías de Prieme, uno de los siete sabios de Grecia.
  6. La frugalidad en la comida.
  7. El amor a la vida y la ausencia de temor ante la muerte.