Detalle del "Jardín de las delicias" del Bosco.
 

El tópico del mundo al revés ilustra unas veces el deseo y otras el temor de que las cosas cambien y se den la vuelta como un guante y pasen a ser lo contrario de lo que son. El mundo al revés es un disparate, una locura, un desvarío de la imaginación que sólo ella puede concebir. Por eso quizá es un mundo que las artes han querido reflejar desde la Antigüedad a propósito de un sentimiento o de su contrario. El mundo al revés es un mundo poblado de engendros monstruosos y se rige por leyes que contravienen cualquier ley de la realidad. Un mundo ilógico e incomprensible, sólo posible como ensoñación. Un mundo casi onírico.

En su expresión retórica toma fundamento en el adynaton, hipérbole paradójica. Pero la subversión del orden imperante alcanza también ámbitos no literarios: la mascarada es la expresión festiva más genuina del mundo al revés. Ser quien no se es es el fundamento burlesco del mundo al revés.

Al agorero de males el mundo al revés le viene que ni pintado para contar lo que se nos viene encima. Al enamorado impenitente el mundo al revés le parece más real que la extinción de su pasión. La firmeza nos parece más firme siempre que el mundo al revés sea más posible que perder la propia firmeza. Y así podríamos seguir… y seguiremos si aceptamos el juego de recrear el antiguo tópico mediante nuevas composiciones.