Detalle del cuadro "Flora" de Louise Abbema (1858-1927).
 

Solían las esferas de los relojes de salón, señoriales y sonoros, tener inscrito el lema latino tempus fugit, "el tiempo huye". Y corre, en efecto, irreparable, aunque no nos demos cuenta. Esta elegía de Mimnermo es, en verdad, un elogio de la juventud y del amor apasionado propio de esta edad, que aparece simbolizado en la diosa Afrodita del primer verso. Pero es también una advertencia del avance inmisericorde del tiempo, que hará de todos los atracticos de la juventud (belleza, fuerza, agilidad, alegría o vitalidad) general ruina, cuando la vejez llegue. Es, así, una llamada clara al disfrute vital mientras la vida despliega en la lozanía todo su esplendor y brío. Por eso, este poema viene a ser un antecedente de numerosos adagios y composiones que posteriormente amonestarán al goce de los bienes presentes, como el carpe diem Horaciano (Carmina I 11, 8), el collige, virgo, rosas ("recoge, chica, las rosas") de Ausonio (De rosis nascentibus 48) y el propio himno universitario gaudeamus igitur.

La estructura retórica del poema consta de estas dos partes simétricas:

  1. Elogio de la juventud (1-5a).
  2. Denuesto de la vejez (5b-10).

Además ambas partes están unidas por el amor como tema común, pues en la primera se alaba la juventud por su capacidad de gozarlo y en la segunda se denigra por incapacidad para disfrutarlo.