Safo te mira dulce y quizás enamorada. John William Godward (1861-1922) la representó en este cuadro, titulado "En los días de Safo", hermosa y serena, aunque en su vida atravesó los mares procelosos del amor.

Safo nació en Mitilene, ciudad de la isla griega de Lesbos. Inteligente y cultivada, se aficionó desde la juventud a escribir versos. Gracias a su excelente formación y a sus cualidades personales, regentó un centro educativo, el thiasos, que preparaba a las chicas para el matrimonio, ardua tarea, y en Grecia, más bien, ingrata. Como directora, Safo les enseñaba a componer poesía, amén de otras cosas más gregarias. Y las más de las veces, terminaba enamorada de sus discípulas a quienes dedicaba poemas de amor, que han sido fuente de inspiración para otros poetas (¡tan pulidos y refinados los hacía!). Y, sin embargo, un día vino a enamorarse de un hermoso joven, de nombre Faón. Debía de ser hermoso, sin duda, porque la propia Afrodita, diosa del amor, fue víctima de sus encantos. Faón, ya fuera porque tenía novia o porque estaba amenazado por la propia Afrodita, la ignoró. De Safo entonces se apoderó la locura de amor -enfermedad esta peligrosa- y terminó arrojándose desde la roca Léucade, peñasco maldito para los enamorados.

Pero este final tan dramático y legendario encaja poco para una mujer que dedicó su vida y obra a cantar los encantos femeninos.