Adynata o mundo al revés

Es jueves, abril, la tarde cae en el Nocturno. Durante los veinte minutos del recreo y la hora siguiente tenemos pensado hacer una especie de montaje fotográfiico. Queremos que, como en un cuadro fijo, los detalles nos hablen del tópico del mundo al revés (adynata). Imitaremos en principio el fr. 74 de Arquíloco y el cuadro la "Edad de oro" del viejo pintor Lucas Cranach. Vemos en él animales, fieros unos, mansos otros, y hombres, bailando agarrados de la mano en torno a un árbol. Todos expresan un mundo ideal, contrario al de la cruda realidad. Tenemos, pues, que imaginar e idear una disposición conceptual parecida a ésta y al del texto de Arquíloco. Pero, aunque tuvimos un día para aportar ideas, no salía algo concreto y lo que parecía sencillo de ejecutar, resultó extraordinariamente complejo. Más, si cabe, cuando en el montaje fotográfico, si atendíamos las distintas propuestas, teníamos que traer todo tipo de artilugios para expresar el mundo al revés: peluches, peces de plástico, disfraces, tener agua donde no había, oscuridad donde había luz... Al final, disponíamos de una hora y cuarto y nos pusimos a improvisar. Y alumbramos este repertorio de fotografías.

Arriba, un lector, convulso, electrizado -como nos muestran sus pelos- y obsesivo lee al revés el periódico "El Mundo". Son los diarios los primeros en demostrarnos que nuestro mundo es de hierro y no de oro. Nos muestran, pues, el mundo al revés de como quisiéramos que fuese. Y, aún así, es el mundo real. Los periódicos, además, son como el mundo un universo de especies y géneros (portada, editorial, opinión, internacional, contraportada...), jerarquizado y organizado. Salen, como el sol, a diario a este mundo mejorable.

 

 

Pose acrobática y trampantojo. "Gira el mundo gira en el espacio infinito..." y un día los árboles generosos no hace falta talarlos para sentarnos en ellos cuales bancos naturales... y la gente reflexiva se sienta en ellos a sonreír apacibles y contentos con el nuevo equilibrio.

 

 

Y los juegos deportivos, tan reglamentados, se humanizan en un nuevo caos, donde los balones son humanos que se encajan, por ejemplo, en las canastas y te dan más puntos si se quedan allí, para siempre encaramados.

 

 

Y los sueños de los alumnos, cuando en las nubes deambulan, se hacen realidad en las aulas... Y quienes eran discentes ahora son docentes que se complacen al ver cómo los profesores toman notas con una atención y eficacia intachables.

 

 

Y por una vez conquistan el santa santorum de los profesores: su sala. Y allí conversan académicamente, fundamentando todas sus afirmaciones sobre sesudos estudios que andan dispersos por la mesa. Y esa charla, intelectual y sosegada, les parece interesante y hasta amena.

 

 

Y, entonces, los docentes, ya crecidos, se acercan a la sala de profesores y los alumnos atienden sus dudas y quejas, con cierto aire de intransigencia... Y más, cuando se lleva el "power" en la camisa.

 

 

Y en conserjería los alumnos se desviven por fotocopiar y hacer bien todo el trabajo, mientras el conserje espera impaciente los apuntes para estudiarlos, pues tiene examen mañana del libro Utopía de Tomás Moro.

 

 

Los músicos, al fin, herederos de la música celestial que arriba desde las esferas, trastocan todo orden e instrumento y los cuartetos se hacen imposibles. Pues ¿quién puede tocar las cuerdas de una flauta, la boquilla de una guitarra y con las baquetas las teclas del piano?