"Penélope y los pretendientes" de John William Waterhouse (1849-1919). Aberdeen Art Gallery (Aberdeen, Reino Unido).

 

"Dichosa puerta"

José María Toro Almirante

¡Oh dichosa y hermosa puerta,
que regalas tus oídos en escuchar
vanos halagos a hermosas damas!

Testigo eres de miles
de noches en vela, (5)
de rechazo a los amantes
empeñados en conquistar
a una musa,
para acompañarla en sus noches
frías, solitarias y amargas, (10)
que sin agradecérselo
burla sus palabras
para hacerse de rogar.

¡Oh dichosa y hermosa puerta,
que sufres frustraciones (15)
de aquellos amantes enamorados
y desafortunados por el destino
que aporrean y ponen a prueba
tu dureza y noble madera!

¡Oh dichosa y hermosa puerta, (20)
que con ofrendas, grandes guirnaldas
de flores y divinos cantos,
signo de victoria,
das tu consentimiento
a una relación basada (25)
en el amor.

Imprecación al portero

Isabél López González

¡Eh, portero, ábreme la puerta, por favor,
que esta situación no la puedo soportar!
Quiero ver a mi amado ya.
Por favor, portero, no seas cateto,
que, si me abres la puerta, (5)
te regalo un seiscentos.
¡Oh amado! El portero no me quiere abrir,
sáltate por la ventana,
por favor, hazlo por mí.
Gracias, amado, por estar aquí, (10)
más tiesa me estaba quedando que un colibrí.
Corre, vámonos a París,
no sea que salga el portero y nos vaya a crujir.

"De ronda"

Roberto Cacho Gutiérrez

Embriagado por el vino, por la calle caminando,
mientras el sol se esconde y la luna va asomando.
Mis amigos me acompañan en esta noche de aventuras,
cuando las luces se encienden
y alumbran lo que está a oscuras. (5)
Vamos a buscar amor, que yo sé dónde se esconde.
Somos de la clase obrera, ni príncipes, ni condes.
Llegamos, pues, al destino. Mas grande fue nuestra sorpresa,
custodiadas, cual camerino, dos puertas como presas.
Al portero me dirijo y le digo que se aparte. (10)
Él hace oídos sordos y mira para otra parte.
Le explico mis intenciones, sólo en busca de amor vengo.
El me dice que me vaya, que no le haga perder el tiempo.
- "Míreme señor portero, en los huesos llevo el cuerpo.
El amor lo ha consumido. ¡Qué bonito sentimiento! (15)
Ábrame esas grandes puertas, anda y déjeme pasar,
que mi amada duerme dentro y yo la haré disfrutar".
Mil veces insisto, mil veces usted se resiste.
Se está riendo de mí o me ve cara de chiste.
En ese momento mis colegas entonan una vieja cantinela,
pero en vez de salir mi amor, la que asoma es su abuela.
Nos dice que nos callemos, que somos unos farraguas.
Y como no le hacemos caso, nos tira un cubo de agua.
La ropa empapada de agua y el corazón herido de amor.
El portero sigue enfrente y a mí no me falta valor. (25)
Dispuestos ambos dos a batirnos en un duelo,
cuando se escucha una voz que calma mi desconsuelo.
Es mi amada que del ruido se ha debido de despertar.
Asomada a la ventana me dice que puedo pasar.
Con gesto desorientado el portero abre sus puertas. (30)
Él sabe que yo he ganado, pero siempre ha estado alerta.
Como acto de buena fe, le estrecho mi mano con fuerza.
Así empieza una amistad que cura un amor hecho piezas.

"Romance de unos tunos"

Johanna Tabares Ortiz

Ellos bien lo pasaban cuando
de la copa tomaban.
Un día de regreso a casa,
tal es la que traen montada,
entre tonterías y carcajadas, (5)
que se confunden de camino,
dando a parar al quinto pino,
y coincidencia o no,
yendo a dar con su sino.
A sus memorias viene entonces (10)
que en aquella apartada orilla
se encuentra la villa,
donde la amada de uno vive.
Allí se encuentra el cancerbero
que las puertas de su infierno guarda. (15)
Y sin cobardía ni saña,
le cuentan una patraña
con la cual a él le engañan.
- Buenas noches, pistolero,
que por las "balas" que tira, (20)
de otra forma llamar no puedo.
Yo soy Andrés Luengo,
que con mis colegas de jarana vengo,
y del mareo que tengo
aquí a parar vine. (25)
A mi niña yo quiero ver,
¡ábrame la puerta de una vez!
No se preocupe por la reprimenda,
que entre nosotros y usted queda.
- Vete de aquí Andresito (30)
o de la torta que te pegue,
yo las tonterías te quito.
- A las pruebas me remito,
que yo, como mi nombre,
debo de ser todo un hombre (35)
y, haciendo gala al triunfo,
debo de llevarme a Amparito.
- ¿Cómo puedo camelarlo?,
dice a sus amigos bajito y suplicando,
- ¿Le doy una botella de anís?, (40)
¿le digo que hay uno robando allí?,
¿o voy con todo mi valor,
y le digo que es por amor
y que me haga ese favor?
Sus amigos sútilmente (45)
le dicen que es buena gente.
Le preguntan con cachondeo
¿ Cúal es el lugar donde la gente
va si tú vas, Vicente?
- El pistolero se va a cabrear, (50)
andad, calla'os ya,
dejad de decir tonterías,
no vaya su escopeta cargar,
que es la de ostias pegar
y parezca esto un aguacero, (55)
de tantas como nos caerán.
Al palique idle dando
y a Vicente id embobando,
que Amparito se está despertando.
Cuando se asome a la ventana le diré: (60)
"estoy loco por ti, mujer".
Ella en esto que se asoma
y todavía dormilona,
no conoce a Andrés.
- Soy yo, ¿no me conoces?, (65)
el que por ti los vientos bebe,
aunque cada día más desespere.
Quiero saber si soy correspondido,
aunque veremos si salgo de aquí vivo.
Vicente está en la puerta (70)
y puede que se forme una tormenta,
como vea que contigo hablo
y que pretendo tu novio ser.
La amada está tan entusiasmada
que manda recado con él: (75)
- Ve y dile a ese diablo
que hay uno por las noches robando
y que el único que está en la calle es él.
Dicho y hecho pues,
Vicente de la puerta se quita, (80)
pues es un miedica
y un cobarde también.
Después de lo acontecido,
Vicente por un descuido
la puerta se deja abierta, (85)
sin darse siquiera cuenta
de que están allí estos tres.
Andresito entra a ver a Amparito,
y mientras sus amiguitos,
se toman un cafelito (90)
en el bar " Los chamaquitos".

"Inclemencias del amante"

Rosario Mariñas Flores

¡Amor mío, ya estoy aquí,
ábreme la puerta
y no me hagas sufrir,
que llevo aquí tres días
y no puedo más! (5)
Siento que mi corazón
roto en pezados está.
Tu padre me echa de aquí,
de tu portal.
Y a ti no parece importarte (10)
el frío que voy a pasar.
¡Amor mío, si me quieres,
déjame entrar ya,
que te abrace y te bese
y me pueda acurrucar! (15)
Ha salido tu padre
a pegarme un bofetón.
Me ha llamado pesado
y me ha dado con un bastón.
Lo siento, cariño, pero ya no puedo más. (20)
Me voy de aquí a buscarme otro portal.

"Acampada de amor"

Miguel Ángel Rico Blanco

Llevo toda la vida de ti enamorado
y la puerta a abrirme ni te has dignado.
Pero yo te quiero como a nadie
y por eso te he perdonado.

¡Cariño, tu madre, (5)
la puerta
no me abre
y yo aquí, desamparado,
pego los trozos de mi corazón destrozado!

¡Ábreme la puerta, (10)
que el timbre tengo quemado,
quemado con el amor
que en rabia se ha transformado!

No aguanto un día más
sin contemplar tu belleza pura. (15)
Si no me quieres, dímelo,
pero no me lleves a la locura.

Ahora el maldito portero
ya no me deja aquí acampar
y yo, si te tengo más lejos, (20)
me voy a desenamorar.

"Con cajas destempladas"

Elio Julio López Dávila

Con una sonrisa en la cara
y un ramo de rojas rosas,
voy a ver ami amada
que cada día es más hermosa.

Toco el timbre ilusionado (5)
y espero impaciente, entusiasmado.
Y me digo a mí mismo
"pues no me habrán escuchado"

¡Sal mi amor!
¡Sal a la puerta, (10)
que he venido a verte,
a ver si damos una vuelta!

De repente noté que algo me levantó,
era el mastín de su padre
que la cara me golpeó. (15)
Me sacudió dos patadas
y de su puerta me echó.

¡Madre mía, -me decía-
estoy lleno de dolor
y encima mi amada (20)
me ha roto el corazón!